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Blog A tiro - María Elena Vallés

María Elena Vallés

Periodista de Cultura en "Diario de Mallorca". Comencé en "El Mundo-El Día de Baleares" en la misma sección. He colaborado en algunas ocasiones en espacios culturales de IB3. Twitter: @ElenaValles

Sobre este blog de Cultura

Este blog es en principio un recopilatorio de los artículos de opinión y análisis sobre la actualidad cultural de la isla que se publican los domingos en "Diario de Mallorca" bajo el epígrafe "A tiro". En la medida de lo posible, se actualizará con más frecuencia.


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  • 05
    Enero
    2014

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    Consigna: no molestar

     

    Limítense a no gestionar, a no hacer nada, a no hacer anuncios celebratorios de logros falsos. Quédense parados, no nos coman la oreja, no nos ilusionen falsamente. No nos hagan perder el tiempo. No nos arruinen cada vez más. La consigna que deben aplicarse, pero ya, es no molestar. “Do not disturb”, como el cartelito que ponemos en el pomo de nuestra puerta de la habitación de hotel para ahuyentar intrusos. Todas estas peticiones de quietud, de no-gestión, de acabar con tanta teatralidad política de cara a 2014 me imagino yo que deben estar presentes en las cartas a los Reyes Magos de gran parte de los actores y dramaturgos de las escasas compañías profesionales de teatro que quedan en pie en la isla. Máxime, después de escuchar al vicepresidente de Cultura del Consell, Joan Rotger, vanagloriándose de que la subida en un 13% del presupuesto para este año le va a permitir “estabilizar programas e iniciar otros nuevos, una subida que irá destinada sobre todo a potenciar las ayudas”. Sí, claro, y el cuento de la lechera. A fecha de hoy, hay algunas compañías que, a pesar de haberse anunciado a bombo y platillo convocatorias de ayudas a la producción de montajes y haber conseguido una subvención en los consiguientes concursos anuales, llevan cuatro años sin cobrar lo prometido y publicado en el BOIB. Empresas que han adelantado en años consecutivos todos los costes de producción de sus espectáculos y que, a causa de los impagos y las deudas contraídas a tenor de los engaños de Catalina Sureda y Joan Rotger, han echado el cierre.

     

    No es la primera vez que aquí lo decimos o que el sector lo manifiesta: si no quieren convocar ayudas, que lo expresen abiertamente y no mareen la perdiz. Pero la política siempre es disuasoria, sobre todo de cara a las urnas. La ineficacia del sistema en el pago de las subvenciones –en parte debido al exceso de celo en la comprobación de facturas tras la sucesión de corruptelas en nuestras instituciones– ha conducido, de hecho, a la inhibición voluntaria por parte de algunas compañías a solicitarlas. Algún día, si esto sigue así, todas ellas renunciarán a las convocatorias por decisión propia y el político se redimirá de sus obligaciones contractuales con el contribuyente sin haberlo manifestado públicamente. La jugada perfecta. ¿Hay que permitírselo?

     

    Resulta también ridículo que en tres años el Consell no haya sido capaz de articular el Circuit d’Arts Escèniques, a pesar de haberle destinado fondos, unas sumas que al final pasaron a caja única y jamás se gastaron. O sí: en lugar de estar en los teatros, es posible que esas cuantías para cultura hayan cebado a los bancos bajo el principio rector de nuestros días: la satisfacción de la deuda. ¿Para quién trabaja realmente toda esta comparsa política?

    Asimismo, el anuncio de puesta en marcha de dicho circuito para programar giras –algo que no llegó a suceder de facto–, provocó otro desastre: que las salas públicas de la part forana postergaran la contratación de compañías. Así, algunas de ellas  se encontraron con una doble dolencia, con una rotura múltiple: por una parte, con producciones cuyos gastos hubieron de afrontar al cien por cien, y, por otra, sin bolos para representarlas. Pero la cosa no se queda sólo ahí: la Administración no paga ahora, pero exige a los productores teatrales el IVA de un dinero que aún no han recibido. Tremebundo.

    ¿Volverán los días inciertos de las otrora compañías teatrales itinerantes, aquellos frustrados grupos de cómicos de tiempos de Franco tan bien retratados por Fernando Fernán Gómez en El viaje a ninguna parte? Quién lo sabe. Hasta hace poco creíamos que no se podían retroceder tantos años de golpe. Y qué equivocados estábamos, ¿no?

     

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