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Blog A tiro - María Elena Vallés

María Elena Vallés

Periodista de Cultura en "Diario de Mallorca". Comencé en "El Mundo-El Día de Baleares" en la misma sección. He colaborado en algunas ocasiones en espacios culturales de IB3. Twitter: @ElenaValles

Sobre este blog de Cultura

Este blog es en principio un recopilatorio de los artículos de opinión y análisis sobre la actualidad cultural de la isla que se publican los domingos en "Diario de Mallorca" bajo el epígrafe "A tiro". En la medida de lo posible, se actualizará con más frecuencia.


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  • 29
    Septiembre
    2013

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    Cómic de jazz y desconcierto

     

    Acabo de cerrar el libro Perros y clarinetes, el primer álbum de los mallorquines Sebastián Cabot y Joan March. La primera conclusión: habemus dibujante y guionistas nuevos (el guión es al alimón) en el enjambre de comiqueros isleños. La cosa tiene mérito. Piensen que ésta es su primera incursión en la novela gráfica (distinguida con una mención especial en el concurso FNAC- Sins Entido), y que consiguieron que la editara el prestigioso sello La Cúpula –los caminos de la edición son impracticables– mordiendo el polvo, empollándose la biblia del guión de Robert McKee y tomando otras buenas decisiones. Dossier en mano, los jóvenes mallorquines acariciaron los expositores de las distintas editoriales en el pasado salón del cómic de Barcelona, buscando suerte con este satisfactorio Perros y clarinetes. Aún no saben muy bien cómo, pero lo lograron: entre los cientos de manuscritos recibidos, La Cúpula (también publica al Premio Nacional Max) les eligió a ellos. Previamente, calaron en los editores franceses de Dargaud, que también se mostraron interesados por esta comedia cosida con acierto y sin hilos sueltos.


    ¿Por qué funciona este volumen simpático que ni descubre pólvoras ni fórmulas nuevas? Creo que porque el lector reconoce en estas páginas el buen –y subrayo “buen”– aprendizaje por parte de Cabot y March de los mecanismos artísticos de Woody Allen o de clásicos españoles como Ibáñez, entre otros. Y se identifica con la historia porque comparte referentes culturales con sus autores. Es decir, sentimos que pertenecemos a la misma comunidad o grupo que ellos. En este sentido, les pregunté a Cabot y March si consideraban que este cómic era generacional (nacieron en 1981). Ambos titubearon. Eliminando referencias concretas a la realidad creo que esquivaron esta etiqueta. Más que ser generacional, el álbum sí refleja cierto sentir (o malestar, quiere decirse) de una generación que al final ha alcanzado a todas las edades.


    Decíamos que no hay fórmulas nuevas. Y es cierto: los personajes de este cómic son arquetipos –ayudan a relatar de manera simple la historia–, y a veces están a punto de resbalar en el tópico, pero son salvados por la ejecución inteligente del texto y el dibujo. La historia está protagonizada por un personaje al que se le han inyectado las características del perdedor (cuántas historietas de perdedores leemos últimamente en la isla: las de Toni Nievas o Gabi Beltrán). Rasgos de loser en los que podríamos quedar atrapados cualquiera de nosotros. Lo que quiero decir es que Nicolás –el protagonista– no es un vidrio quebrado en la noche, sino un tipo normal, un urbanita de clase media, de una familia media y con estudios. Una especie del Larry David de Si la cosa funciona de Woody Allen, pero más joven y sin un concepto tan elevado de sí mismo. Ah, y Nicolás también es clarinetista como el cineasta neoyorquino. Cabot, que también menudea dicho instrumento, asegura que “todo esto es una casualidad, así como su gusto por el jazz”. En Perros y clarinetes suenan: Lester Young, Django Reinhardt, Stéphane Grappelli, Billie Holiday... Vinilos que regresan a los pisos de los diletantes del siglo XXI. La tecnología antigua vive un nuevo esplendor. Todos tenemos amigos así: seres refugiados en sus discos de jazz.


    Otro apunte: es una historia poco pretenciosa y sin devaneos autorales inextricables, tampoco se buscan los grandes discursos sociales, a pesar de que el paro esté como telón de fondo. El protagonista cobra la prestación y tiene problemas con las mujeres. Las neurosis de algunos comportamientos con el sexo opuesto vuelven a ser allenianos. No hay elección, estamos atrapados por un destino singular. Nadie encuentra a quien busca. Es el desasosiego de la vida moderna actualizado en un contexto de paro y crisis económica.


    Más. Acaso lo menos conseguido en el volumen es la deliberada inclusión de un elemento extraño, fuera de contexto y surrealista (un elemento que tuercen demasiado) y que se va repitiendo en los capítulos. Una metáfora de las casualidades inexplicables de la vida. No voy a desvelar de qué se trata. Sólo una pista: Groucho Marx ya expresó la absurdidad así: “Una mañana me desperté y maté a un elefante en pijama. Me pregunto cómo pudo ponerse mi pijama” (esta cita abre el libro).


    Técnica. El dibujo de Cabot, formado en Bellas Artes, es bueno. Veo las extremidades largas y elásticas del Mortadelo de Ibáñez o los rostros japoneses de Son Goku en un dibujo que en general resulta muy europeo. El color ha quedado, sobre el papel, un poco apagado. Oscurecido, a pesar de los colores vivos que resaltan los rasgos de personalidad de los personajes. El dibujante mallorquín trabaja con acuarelas, que escanea posteriormente para aplicar más color con el ordenador. 


    Por último, no es premeditado, ni siquiera existía el TIL, pero el protagonista siempre va de verde Crida. No sé, a veces el arte es premonitorio. Los escritores dicen que escriben cosas que luego suceden. No lo sabemos. Que Nicolás vista de verde sólo es otra de esas casualidad de las que hablan Cabot y March, o de cómo pudo ponerse el pijama de Groucho un elefante. Es cierto. Pero el drama contemporáneo español, los miles de jóvenes con carreras y másters en el paro, la raruna situación de gente (al menos aparentemente) culta con el único trabajo diario de sacar a pasear la mascota o escuchar discos de jazz, o el desconcierto por los acontecimientos recientes (insisto, aún no había TIL, pero sí cierto caldo de cultivo), así como una gran confusión ante relaciones íntimas que resultan líquidas y endebles están latentes en este estupendo e hilarante (uno se ríe bien y bastante, no está mal) Perros y clarinetes, que se presentará el 27 de octubre en la Escola Superior de Disseny, en el marco de un prometedor Còmic Nostrum.
     

     

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