LOURDES DURÁN. PALMA.
Que la vida iba en serio/uno lo empieza a comprender más tarde/–como todos los jóvenes, yo vine/a llevarme la vida por delante escribió Jaime Gil de Biedma como inicio del poema No volveré a ser joven. Llevamos veinte años sin el poeta, muerto de sida tal día como hoy. La productora de Andrés Vicente Gómez ha hecho coincidir el estreno de la película El cónsul de Sodoma con el aniversario. Miguel Dalmau, autor de la biografía Jaime Gil de Biedma en la que se ha basado buena parte de la cinta, califica de "¡milagro!" el que "se haya levantado un biopic en plena crisis económica y sobre un poeta en España, donde la literatura importa un carajo".
El articulista y colaborador de este diario no dio la espalda al guión, ni a parte del rodaje. "Podía haberle hecho caso a Juan Marsé que me dijo, ¡coge la pasta y vete!, pero preferí estar cerca, porque de lo contrario la película se hubiera alejado más de mi espíritu". Con todo asume que "al final se pierde el derecho de propiedad, porque el cine es muy promiscuo, hay cosas de todos, demasiadas manos, por eso quise estar cerca. ¡No he parado de pelearme, desde el productor al director... hasta que me echaron del plató!", ríe Dalmau.
Vista la película, es el momento de encontrarse con el fantasma que ha pululado cinco largos años, aparte de los dedicados por Dalmau a pergeñar este retrato de una de las voces más lucidas de la llamada Generación del 50. El cónsul de Sodoma mantiene ciertos toques visuales legados por el cineasta mallorquín Agustí Villaronga, primer encargado de levantar la película que al final acabó en manos del director Sigfrid Monleón. Además de ser mérito suyo el fichaje de Bimba Bosé, uno de los reclamos del filme que se estrena hoy. "Para ser una debutante es muy convicente en su papel de Bel, la musa de Gil de Biedma. Como es una tipa ambigua, una excéntrica andrógina, entronca bien con las niñas de la gauche divine", señala Dalmau.
El protagonismo recae en Jordi Mollá, un actor de tablas que muda piel y se hace poeta, comunista y homosexual en la España franquista que no perdonó ni a la supuestamente cosmopolita Barcelona. Aún ahora, hay quien ha puesto el grito en el cielo por determinadas escenas de la película. "No pone paños calientes, desde luego. Aquí como procedemos del nacional catolicismo, sólo hay dos mandamientos, el sexto y el noveno. En este país lo que escandaliza no es que un político robe, sino la carne!", opina el escritor. Sin embargo, él asegura que, "contrariamente a lo que pueda parecer, intenté dosificar escenas sexuales y referencias literarias". Entre los personajes clave, los padres del poeta, además de Carlos Barral, Juan Marsé y Toni, uno de sus últimos amores. "Creo que viendo la película, te enamoras de un personaje que, sin ser James Bond, cogió muchos aviones. Creo que a Gil de Biedma le habría llamado la atención, le habría envanecido verse en el cine y algún pasaje le habría gustado", sospecha Miguel Dalmau.