CAMILO JOSÉ CELA CONDE
Las técnicas de neuroimagen, con la de la resonancia magnética funcional (fMRI) en un primer lugar bien destacado, han supuesto la revolución en el estudio de las pautas de actividad cerebral que se producen cuando realizamos cualquier tarea cognitiva, desde las de ver, oír, oler o tocar, a las que implican complejos razonamientos. Aunque a veces las interpretaciones que se publican recuerden un tanto a los excesos especulativos de los frenólogos del siglo XIX, capaces según ellos de indicar a lo largo del cráneo dónde se encontraban las zonas encargadas del amor, la sabiduría, la ira, la belleza y dios sabe cuántas funciones más, la fMRI ha puesto de manifiesto cuál es la actividad de las áreas cerebrales en esas u otras tareas de pensamiento.
El fundamento en el que se basa la fMRI es la medida del consumo de oxígeno que llevan a cabo las neuronas a la hora de hacer su trabajo, que no es otro que el de transportar las señales, activándose. Medir la transformación en desoxihemoglobina del componente principal de los glóbulos rojos oxigenados se suponía que era equivalente a la activación de la neurona. Pero un trabajo aparecido en los Proceedings of the Nacional Academy of Science –una revista de muy alto prestigio académico– pone en duda ese principio paradigmático. Apareció hace un par de meses, gracias a los estudios hechos por el equipo de neurología que dirige Aniruddha Das en la universidad de Columbia, ciudad de Nueva York. Los resultados indican que el instante inicial en que se produce la activación de la neurona no coincide con la pérdida del oxígeno transportado por la hemoglobina sino con el incremento en el volumen de sangre que recibe.
En realidad, los especialistas en las técnicas subyacentes a la fMRI discutían ya acerca de si es el incremento de volumen o la pérdida de oxígeno el fenómeno que se produce antes. Pero existía un cierto consenso en que se trataba de lo segundo. Mediante el análisis de la actividad neuronal en el área visual primaria de animales de experimentación (macacos), Yevgeniy Sirotin, que es el primer firmante, y sus colaboradores pusieron de manifiesto que los momentos iniciales de la activación no implican cambio alguno en la oxihemoglobina.
El resultado tiene más interés para los especialistas que para los aficionados. Pero merece la pena reflejar lo sucedido porque, en realidad, son varias las dudas que arrastramos desde que es posible constatar qué áreas cerebrales se encuentran activas dando por supuesto que son algo así como la "radiografía de un pensamiento". Habrá que avanzar no poco en la capacidad de medir con un lapso de tiempo mucho más pequeño las respuestas neuronales. Habrá que entender mejor cómo se realiza la comunicación entre áreas distantes. Y, por más que avancemos, quedará pendiente el asunto crucial: que una cosa es el que las neuronas actúen, y otra muy distinta la sensación de ira, placer, belleza o repulsa que sentimos.