FRANCESC M. ROTGER
Título: Hamlet.
Autor: William Shakespeare. Traducción: Joan Sellent. Dirección: Oriol Broggi. Intérpretes: Julio Manrique, Carme Pla, Carles Martínez, Marc Rodríguez, Aida de la Cruz, Ramon Vila y Jordi Rico. Iluminación: Albert Faura.
Escenario: Teatre Principal.
De Oriol Broggi, afortunadamente, hemos visto unos cuantos trabajos con cierta continuidad: del austero pero soberbio Els ulls de l´etern germà a su reciente Rei Lear, pasando por el excelente Cyranos que montó en Manacor. En Manacor, precisamente, en su última Fira de Teatre, es donde obtuvo el premio del público, en reñida competencia con otros espectáculos recomendables, su Hamlet; un montaje sensacional, impresionante, emocionante, mágico, redondo, que ahora hemos tenido el sumo privilegio de aplaudir en Palma.
Hamlet es tal vez la pieza cumbre de Shakespeare, y eso es decir muchísimo. Aquí están las esenciales pasiones humanas. También las corruptelas del poder, muy oportunas aquí y ahora. Oriol Broggi y su espléndido equipo han facturado un Hamlet prácticamente íntegro (tres horas de representación), cuidadosamente hilado, de estructura impecable, de dicción y gesto irreprochables. Pero, y esto ya es la leche (con perdón), lo han mejorado: aquí además de Sir William están también Beethoven, Scorsese, Jorge Manrique, Paco Ibáñez… Y todos estos apuntes, como breves pinceladas, no estorban para nada, sino todo lo contrario, la contemplación del que quizás sea el más prodigioso texto dramático escrito por un ser humano.
Una cuota importantísima de este Hamlet le corresponde, bien es verdad, a su protagonista, Julio Manrique; sólido, poliédrico, tejiendo una de las interpretaciones más convincentes que he visto en mi vida. Y el resto del reparto no le desmerece en absoluto. El Principal se llenó el viernes hasta la bandera para aplaudirles con genuino entusiasmo y con completo merecimiento.