Agustín ´El Casta´. Humorista, actor
CARLES MULET. PALMA.
"La traca final de todos los años". Cañita en mano, Agustín ´El Casta´ promete que en sus especiales de Navidad pone "más carne en el asador" que nunca, que no es poco. Eufórico, algo estresado, anticipa sólo pinceladas de un nuevo espectáculo en el que lleva trabajando meses, al menos intelectualmente. Serán dos horas largas, con monólogo marca de la casa y números de Benemérito Civil de la Guardia y Lorenzo Llamas; "siempre". Entre uno y otro, ración de audiovisuales, para tomar el pulso a la calle de la mano de El Padrino y Hannibal Lecter, en una "suculenta" entrevista con Aina Calvo. Hasta aquí, insiste, puede leer. Todo lo demás los días 6, 8, 9 y 10 de enero en un Auditòrium donde se siente "como en casa", como en Cala Gamba.
–¿Lorenzo Llamas sigue en paro?
–Sí, allí sigue, tomando el pulso a la actualidad. No soy un humorista político, pero es imposible desvincularse de la realidad cuando pasas revista.
–De haberse quedado en Andalucía a lo mejor sería mucho más famoso.
–No lo creo. En el fondo mi humor es universal, a pesar del barniz de mallorquinidad. De Andalucía me cansa que haya tanto humorista amateur.
–No sólo quiso ser artista, quiso ser cómico. ¿Gran disgusto familiar?
–No, no. El sentido del humor que tengo, un poco particular, lo he mamado de la familia. Los recursos humorísticos los he aprendido en casa, donde soy uno más, y muchas veces ni siquiera el más ocurrente.
–¿Antes de ser ´El Casta´ era el graciosete de su grupo de amigos?
–Reconozco que era el gamberro del grupo, que me gustaba llevar la voz cantante. Normalmente ocurre así con los humoristas.
–¿Se hace gracia a sí mismo?
–A veces, pero creo que le hago más gracia al público. Ser humorista no es sólo contar chistes, también es actuar. Cuando me bajo del escenario no hablo ni pienso igual.
–¿Los adolescentes ya vienen a verle?
–Vienen más, aunque no siempre. Es el público con el que mejor conecto, lo cogen todo y tienen menos ataduras. Si ellos se ríen significa que estamos enganchando. Todavía estoy en este mundo.
–¿Ha demostrado que el mallorquín sí sabe reírse de sí mismo?
–Lo que no le gusta al público mallorquín es que se le falte al respeto, pero pensar que no sabe reírse de sí mismo es incierto, un tópico.
–¿Poder ver un programa como Muchachada Nui en La 2 es un paso adelante?
–Es una muestra de respeto hacia un humor más especializado, más intelectual, con más fondo. Y está muy bien que venga desde un medio público. No podemos quedarnos en Chiquito de la Calzada, por mucho que todos le adoremos.
–¿De verdad le adoran?
–Sí, mire a Buenafuente o a Carlos Latre.
–¿Le inspira algún humorista mallorquín?
–En general tengo pocos referentes, miro poco el trabajo de otros porque no quiero ´contaminaciones´. Creo que en Mallorca hay pocos humoristas, y la mayoría están a pie de calle.
–¿Conecta con el humor catalán?
–En Cataluña tienen un sentido del humor propio, con un peso muy específico. He trabajado mucho en Barcelona, y siempre ha ido muy bien. Somos compatibles.
–Boadella prefirió hacer reír en otra parte.
–Sí, pero no se fue por humorista, su decisión tiene un componente ideológico. Boadella es uno de los grandes, grandísimo.
–¿Buenafuente también?
–Sí, y con un estilo propio.
–¿Y Wyoming?
–También. Tiene unas capacidades impresionantes, aunque es más showman. Está pasando unos días difíciles, una situación muy complicada que le ha venido sólo por hacer su trabajo.
–¿Se autocensura mucho?
–Sí. Hay temas que no toco porque creo que pueden hacer daño al público, como el de los malos tratos. Se trata de hacer reír.
–¿Le veremos en la TDT?
–La televisión no es mi medio, aunque estamos buscando la manera de encajar en él, posiblemente a lo largo del año que viene.