Ecología. Conferencia de Naciones Unidas sobre el cambio climático
CARLES MULET. PALMA.
De Cambridge a Copenhague para asegurar con su presencia en la XV Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático la "transparencia" de lo allí hablado y acordado. Joan Groizard Payeras, mallorquín, recién veinteañero, forma parte de la delegación que la universidad inglesa ha enviado a la cumbre mundial como uno de los grupos observadores. Estudiante de tercer año de ingeniería, representa a los alumnos de su centro junto a Bethanie Wattleworth, los dos responsables de la Cambridge University Students Union para los Ethical Affairs.
"Impresionante". Así describe Groizard el ambiente en Copenhague, capital a la que llegó el pasado domingo y donde permanecerá hasta el lunes. Lo hizo en autobús –22 horas desde Cambridge– para reducir al máximo las emisiones de dióxido de carbono que de él dependen: "Es una decisión personal, lo hago por coherencia", explica y extiende a sus regresos a Mallorca, con el barco siempre protagonista,
"Hasta ahora, mucha palabrería". Groizard tiene claro que "si las cosas no cambian es porque los países no quieren". "El Cambio Climático aquí no lo niega nadie", corrobora. Ser testigo en Copenhague, deriva, le ha servido para reafirmar dos grandes miradas respecto a la salud terrestre, la de los países pobres y la de los ricos. Los segundos, confirma con las palabras de los delegados de Kuwait y Arabia aún frescas, "están en contra de un nuevo protocolo; opinan que ya basta con el que hay, y que lo que hay que hacer es implementarlo bien". Los primeros, contrasta, "están unidos" y "quieren uno nuevo". Sus posturas, separa el mallorquín, "están bien claras".
"Seria, y festiva a la vez". Groizard describe así la atmósfera de la Conferencia, animada en su trastienda por las numerosas ONG y organizaciones ecologistas congregadas. "Hay demasiadas cosas por hacer", celebra a la salida de una sesión. Como buscar a la delegada española, a la que ayer todavía no había podido escuchar ni localizar. A la espera de conocer las intenciones patrias de primera mano, el mallorquín sólo lamenta no poder quedarse en Copenhague la semana que viene, esto es, "la parte importante".