G. RODAS. PALMA.
Fiel a su tradición, el Jazz Voyeur Festival despidió el año a ritmo de gospel. Horas antes del último concierto programado en la sexta edición de esta muestra musical, en el Auditòrium del Passeig Marítim, los integrantes del grupo Georgia Mass Gospel Choir quisieron darse un baño de multitudes ofreciendo dos recitales en el corazón de Palma, en la plaza de Cort y frente a la parroquia de Sant Miquel.
"Vengo expresamente para escucharles. Me parece una iniciativa muy interesante y ojalá se repitiera más a menudo con otros artistas. La calle necesita música y no el ruido ensordecedor de coches y obras", señaló Josep Garcies, uno de los espectadores que siguió la primera de las actuaciones del conjunto norteamericano, cuyo nombre está ligado al de Withney Houston y al de Atlanta (participó en la banda sonora de La mujer del predicador y en las ceremonias de apertura y clausura de los JJ OO de Atlanta 96´).
Unas actuaciones que resultaron breves, en torno a cuatro temas, pero muy aplaudidas. "El objetivo de nuestro festival es crear una cultura musical entre los ciudadanos de la isla y por eso queremos acercar este tipo de música a la gente de la calle", señalaron los responsables del Jazz Voyeur, Gerardo Cañellas y Roberto Menéndez.
Liderado por el reverendo Milton Biggham, un hombre convencido de que "el gospel habla al corazón y al alma como ninguna otra música puede hacerlo", Georgia Mass Gospel Choir derrochó humor, alegría y mucho sentimiento. Ataviados con unas vistosas túnicas, la docena de cantantes pronto despertó la curiosidad de los transeúntes cuando ayer, a las once de la mañana, se subieron a un pequeño escenario colocado frente al edificio del ayuntamiento.
No fueron muchos los espectadores que se agolparon frente a la tarima para escucharles, pero quienes lo hicieron quedaron prendidos por sus mágicas y cautivadoras voces. Aunque Biggham, el reverendo, aclarase que no hace falta "tener un gran voz para el gospel porque éste sale del corazón", lo cierto es que el público reconoció sus dotes como cantantes.
"El gospel es una sola voz que se convierte en una oración que se eleva hacia el cielo", expresó Preston Swayne, ciudadano australiano residente en la isla desde hace unos años y "enamorado de este estilo" desde "siempre".
"Ya quisiera yo cantar como ellos, que lo hacen como los ángeles", añadió Pere Cuevas, de veintiséis años.
Concluido el recital de Cort, el grupo se desplazó hasta la calle Sant Miquel para interpretar otros cuatro temas frente a la parroquia de este transitada calle. Allí volvieron a recibir aplausos y alguna queja, al adelantar el horario de su actuación, programada en ese lugar para las doce del mediodía.
"Nos hemos llevado una decepción. Veníamos a escucharlos y acabamos de enterarnos que ya han actuado. ¡Pero si faltan cinco minutos para el horario del inicio!", se lamentaron dos mujeres.
El último de los conciertos del Jazz Voyeur Festival también animó al cocinero Pepe Pintos a poner su particular broche final al certamen. Así, el chef, que este año ha convertido su local en la "segunda casa" del festival, presentó El sonido de la espiritualidad, un lienzo en el que juega con la dualidad del blanco y del negro para mostrar la individualidad de la música y, a la vez, su carácter integrador.