FERNANDO ALOMAR
Título: Lluvia de albóndigas.
Nacionalidad: Estados Unidos, 112 min.
Director: Phil Lord, Chris Miller.
Actores: (Película de animación).
Cines: Augusta, Ocimax, Porto Pi Terrazas, Multicines Manacor.
El cuento infantil de Judi y Don Barrett trazó una surrealista fusión de gastronomía y meteorología. La adaptación cinematográfica añade una parodia de las películas catastrofistas. El argumento arranca con el mal fario de una isla al norte de Estados Unidos, condenada a soportar un tiempo gris perenne y a alimentarse exclusivamente de sardinas. Para cambiar el destino, un joven friki aspirante a científico inventa un máquina que haga llover hamburguesas, pizzas y donuts. Como es previsible, la máquina adquiere vida propia y amenaza con provocar un huracán alimenticio en el mundo entero.
Historias tan inverosímiles funcionan como metáforas. Este filme da pie a recordar que Norteamérica tiene un problema con la sobreabundancia e infracalidad de su gastronomía. Oportunidad desaprovechada; la reprobación se queda en dos brevísimos apuntes, potenciando más una sobada trama de codicia político-empresarial. Más lograda es la burla del cine cataclísmico, con guiños cinéfilos de otros géneros (Star Wars, Viaje Alucinante) y algunos gags excelentes (el coche volador perseguido por cuñas de pizza; los pérfidos pollos asados…). Los personajes (el bienintencionado y alocado joven científico, su anticuado padre, la guapa presentadora del tiempo...) son demasiado simples; la animación, bien trabajada, con mayoría de escenas pensadas para el videojuego. Lluvia de albóndigas tiene un planteamiento simpático, animación excelente y final trepidante. Se habría agradecido una crítica más ácida de la epidemia sobrealimenticia que sufre Estados Unidos. Pero es una película de animación infantil que cumple su principal objetivo, divertir a los peques y entretener a los mayores.