M. ELENA VALLÉS
Recordarle al lector que llevamos 12 años sin las prometidas obras completas de Blai Bonet se ha convertido en una efeméride de la prensa local. El editor Jordi Cornudella, de Edicions 62, contestaba el pasado martes a este diario "que las Poesies iban por muy buen camino", pero que tenía que colgar porque le esperaban en otra reunión, probablemente para cerrar la verídica publicación de las obras de un autor catalanísimo. Mercè Rodoreda, recuerden, le pasó por delante a Bonet, el de ses illes, del que tanto se llenan la boca los académicos del Principat. Los nuestros también lo hacen, pero empacados en su laconismo habitual. Al día siguiente, el señor Cornudella ya no cogía el teléfono: creo que él también piensa que el hisopo de sus excusas roza la astracanada. Así, casi que damos por bueno el titular empírico: "Edicions 62 abandona el proyecto de obras completas de Bonet".
No hace ni cinco meses que murió Baltasar Porcel y sus libros se han vuelto a reeditar: novelas, inéditos, artículos difíciles de encontrar... Privados y públicos volcados. Edicions 62, Destino y el Institut d´Estudis Baleàrics pagan tomos, proveen al mercado, sin mencionar la rentabilidad económica real: que nadie se va a forrar. Por estas coyunturas siempre vuelve la cantinela de que Blai Bonet era también el mejor. Puro blablablá. El Institut Ramon Llull fue el altavoz de sus poemas en el festival Pen World Voice de Nueva York el pasado mayo. No había libro que mostrar a los neoyorquinos, pero sí muchas facturas que pagar después. Y de nuevo, se recordará al de Santanyí en la semana Be Balears en Bruselas, donde el Llull programa proyectar la película El mar, basada en su novela homónima. Los escritores lo saben: si no estás en el mercado, no existes. Si hubiera voluntad, las instituciones ya habrían comprado a la editorial catalana los derechos de publicación. El caso es que Bonet lleva doce años desaparecido, por mucha casa-museo que le levanten en los próximos años. A nuestros gestores culturales lo que les gusta es llegar a un acto cultural (echen un vistazo al programa de Bruselas), desenfundar el cuchillo para cortar el pan moreno y untarlo de sobrasada, mientras hablan de Blai. Los que lo hacen mejor son los que no tienen ni pajolera idea. Pero los de la puñalada por su silencio ante la situación son la reata de escritores que les acompañan, y recitan a Bonet y a quien haga falta con tal de irse de viaje por la cara.