MATEU CUART. PALMA.
La relación entre Richard Bona y el bajo eléctrico empezó a propuesta del último. "No elegí tocarlo, fue el bajo el que me escogió a mí", explicó ayer el camerunés, considerado uno de los virtuosos del instrumento, que esta noche ofrecerá un concierto en el Conservatori de Música i Dansa en el que promete "sólo buena música" y elevadas dosis de optimismo.
"Mi abuelo me dijo un día que la música es la celebración de la vida", desveló el músico ante varias decenas de estudiantes del centro de Capitán Salom y enamorados del jazz, ante los que admitió detestar la música que interpretaba su hija, enmarcada en el trash punk metal, por demasiado agresiva.
Tampoco las etiquetas son santo de su devoción. "No sé dónde acaba el jazz y empieza otra cosa, por qué lo que hoy se llama R´n´B, mañana se llama hip hop", ejemplificó el cantante e instrumentalista.
Su actuación de esta noche se enmarca en el Jazz Voyeur Festival, en el que recordó haber participado ya hace cinco años. "Lo abrí, y por eso se hizo famoso", bromeaba. Ahora vuelve "mucho mejor, con la banda distinta y más experiencia", tras una larga carrera que comenzó con sólo cinco años, cuando ofreció su primer concierto oficial, en una iglesia africana.
En el encuentro, admitió también sentir devoción por la diferencia en general, y el flamenco en particular. Entre los representantes del último, destacó a Tomatito –"tiene la mano derecha más peligrosa de este mundo", aseguró–. De la primera dijo aprender constantemente. "Tu vecino no tiene mucho que enseñarte, pero alguien que viene de lejos te lo enseñará todo", apuntó. Entiende que sólo así, y con constancia, puede alguien volverse sabio. "La excelencia viene de la repetición", sentenció.
Richard Bona
Hoy, a las 20:30 horas. Conservatori de Música i Dansa. Precio: 35 euros. Entradas a la venta en Servicaixa y Musicasa