LOURDES DURÁN. PALMA.
Cuando Juana Walker llegó a Palma, procedente de Londres, "no conocía a nadie". Así que su experiencia en rastrillos benéficos se inició con las Hermanitas de los Pobres. Ahora, el club Elsa que ella creó cuenta con 215 socios, en su mayor parte mujeres. "Los maridos ayudan", indicó Rafi Córdoba, vicepresidenta de la entidad que ayer clausuró su rastrillo benéfico en el Pueblo Español.
Han sido tres días, con largas jornadas, en las que ropa, calzado, discos, libros, lencería, objetos de decoración, cuadros y juguetes eran tanteados por los cazadores de gangas. Desde 1 euro a 30 euros. "¡Mira qué bien te sienta este jersey!", le decía una señora a un resignado caballero que se mostraba un poco vergonzoso al probarse en público.
Sin embargo, no hay manías. Se trata de ayudar "a los más necesitados", de ahí que esta nueva convocatoria del club Elsa se volviera a saldar con una excelente respuesta de sus visitantes. Sin haber cerrado la caja aún, ya se alcanzaban ventas por valor de más de 20.000 euros. Entre los tiquets de entrada –2 euros– y las compras y las consumiciones en el bar –hay quien se tomaba el aperitivo o almorzaba en el improvisado bar de la Magna del Pueblo Español–, las arcas se llenaban.
"Este año con la crisis hemos notado que son más los que vienen a pedirnos que les echemos una mano, desde personas desahuciadas, aquellos que no pueden pagar sus alquileres, desempleados y muchos inmigrantes", reseñaba Rafi Córdoba. Sin embargo, las ayudas se satisfacen con todos los requisitos. "Nos aseguramos que de verdad lo necesitan", incide Juana Walker.
Aparece una de las socias con varios modelos de bolsos, cada modelo por 20 euros. "¡Son buenos, son de piel y son bonitos!". La vicepresidenta cedía y se quedaba con uno. "Nosotras también compramos, ¡nos quedamos peladas!", aseguraba Córdoba. El material lo consiguen de donaciones.