MATEU CUART. PALMA.
Tras vengar la muerte de su padre como Michael Corleone, o dar vida al rey Ricardo III, Al Pacino se meterá ahora en la piel de Napoleón Bonaparte. Lo hará, si todo va según lo previsto, en Mallorca, donde se rodarán las abundantes escenas de exteriores de Betsy and the Emperor, una producción sobre el ocaso del general francés a cargo de la catalana Zip Films y la neoyorquina Killer Films.
El archipiélago de Cabrera podría ser en concreto el elegido para convertirse en Santa Elena, la isla que sirvió de penal para el emperador galo. "Hemos firmado un preacuerdo con la productora americana, que nos propuso buscar localizaciones aquí, porque ir hasta Santa Elena era complicado", explica uno de los productores, Jordi Rediu, quien pensó enseguida en Cabrera y Sa Dragonera. Sus paisajes "van de acuerdo con la película", y las fotografías recibidas colmaron las expectativas de la mitad estadounidense, que se reunirá con el empresario a partir de la próxima semana para concretar los detalles de la cinta, dirigida por John Curran y con un presupuesto que oscila entre los 15 y los 20 millones de dólares.
El rodaje está previsto para el próximo año, si bien "todo depende de Al Pacino, él manda", apuntan en Zip Films, a los que la oportunidad para trabajar con el oscarizado actor les llegó en Cannes. Allí contactaron con unos inversores interesados en participar en una ampliación de capital sobre la productora, que resultaron ser los propietarios de los derechos del guión y del libro, con rúbrica de Staton Rabin, en el que se basa el filme.
Y aunque Mallorca no es la única candidata –el archipiélago canario se ha interesado por el proyecto–, el productor admite que "tiene todos los números" para ser la elegida en las localizaciones exteriores, en tanto que las interiores se rodarán lejos de aquí, en Connecticut. Para las primeras, los neoyorquinos "querían ir a Creta o a Malta, pero les propuse Mallorca y les gustó mucho", incide Rediu, que aun así se deja querer y agradece cualquier guiño institucional hacia un proyecto con repercusiones casi garantizadas en los flujos turísticos hacia Balears.
A la candidatura mallorquina la sustenta también su historia, que encaja bien con la trama de Betsy and the Emperor, basada en la relación de Napoleón con una niña de unos catorce años llamada Betsy, su único enlace con el exterior de un fuerte en el que vio como sus condiciones de vida se complicaban con la llegada del gobernador de la isla, sir Hudson Lowe.
Hasta Cabrera se desplazaron, tras la primera derrota de las tropas napoleónicas en la guerra de la Independencia, en 1809, entre 9.000 y 13.500 prisioneros. El cautiverio, que se prolongó hasta el 16 de mayo de 1984, fue "una de las páginas más oscuras de nuestra historia reciente", según reconoció el delegado de Gobierno, Ramon Socías, en un homenaje reciente a los fallecidos celebrado en el archipiélago mallorquín entre representantes de los ejércitos español y francés.