G. RODAS. PALMA.
Al igual que don Juan Carlos, al que sirvió durante casi dos décadas como secretario general y jefe de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo fue un hombre que estrechó vínculos con Mallorca. Una isla que visitó con frecuencia, no sólo por trabajo, y en la que a pesar de su muerte, ocurrida el domingo a los 91 años en la Clínica Ruber Internacional de Madrid, donde permanecía ingresado desde el pasado 12 de octubre tras ser intervenido quirúrgicamente de una oclusión intestinal, deja una huella que siempre irá ligada a la Familia Real.
Su trabajo al servicio del Estado comenzó en diciembre de 1975, cuando fue designado subsecretario de la Presidencia del Gobierno, a propuesta del ministro Alfonso Osorio, y del Ministerio de Información y Turismo un año más tarde en los gobiernos de Arias Navarro. Cuando aconteció el golpe de estado del 23-F ya era secretario general de la Casa del Rey y ayudó a don Juan Carlos I realizando llamadas a diversos sectores militares, como capitanías generales o Estado Mayor. Suya fue una frase hoy famosa que realizó tras una pregunta del general Juste (general de la división acorazada Brunete) sobre si Alfonso Armada había llegado al Palacio de la Zarzuela. "Ni está, ni se le espera", fue su respuesta.
En Palma, en su primera visita como ex jefe de la Casa del Rey, afirmó que "faltó un pelo" para que fructificara "un golpe" que, no obstante, careció "de un plan perfectamente trazado".
"El Rey –agregó– fue moneda de cambio en la Transición, donde la izquierda aceptó la monarquía y como contrapartida se legalizaron todos los partidos. Hoy la Corona ha alcanzado una velocidad de crucero", dijo entonces.
El Conde de Latores había entrado en la Casa del Rey el 31 de octubre de 1977 como secretario general y desempeñó esta responsabilidad hasta el 22 de enero de 1990, cuando fue nombrado jefe de la Casa de Su Majestad. El 8 de enero de 1993 cesó de ese cargo, en el que fue sustituido por el diplomático José Fernando Almansa, y don Juan Carlos le nombró en ese momento consejero privado vitalicio, al que se le otorgó la Gran Cruz de Carlos III, poco antes de ser nombrado teniente general con carácter honorífico.
"A mí me gusta el segundo plano. Buena y no mala sombra, a ser posible. Por eso no escribiré mis memorias, salvo que tuviera que defenderme de infamias, de ahí que guarde mis notas", confesó a este diario.
Su salida de la Casa del Rey obedeció a "una trama" que, en ningún caso, le quitó el sueño. "Duermo sin necesidad de pastillas", a diferencia de otros, sentados "en el banquillo o en la cárcel", señaló.
Actor protagonista en la educación del Príncipe de Asturias, por el que sentía "un gran cariño y un profundo respeto", Fernández Campo distinguía entre respeto y adulación. "Siempre que sea necesario y sin amargarle continuamente, al Rey se le debe decir la verdad con prudencia y sutileza, sin amargarle continuamente la vida".
En Mallorca, isla que conocía bien, declaró que el Rey "no puede admitir regalos como un yate, por generosos y desinteresados" que fueran los autores de la donación.