Música

¿Cómo se escribe una sinfonía?

Alumnos del Conservatori Superior, profesores y creadores disertan sobre el oficio de compositor y analizan esa misteriosa fuerza interior que desemboca en la escritura de una obra musical

 22:28  
Patricia Ordóñez, Agustí López, Noel Nicolau, Sebastià Llinares y Javier Martí cursan estudios de Composición en el Conservatori Superior.
Patricia Ordóñez, Agustí López, Noel Nicolau, Sebastià Llinares y Javier Martí cursan estudios de Composición en el Conservatori Superior.  Foto: Guillem Bosch
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GABRIEL RODAS. PALMA. ¿De dónde surgen las grandes obras musicales?, ¿cómo se escribe una sinfonía?, ¿cuándo y por qué se producen esos arrebatos de inspiración melódica? Alumnos de Composición del Conservatori, profesores y creadores contemporáneos analizan para DIARIO de MALLORCA esa extraña fuerza interior que actúa en los temas y en las melodías.

Cuenta la historia que cuando Mozart era sólo un adolescente se le acercó otro joven de su edad y le preguntó cómo podía componer una sinfonía. Seguro de sí mismo, el genio le contestó que aún debía dejar pasar muchos años. Irritado, el muchacho le objetó: "Pero tú ya componías a los diez años". La respuesta de Mozart fue demoledora: "Sí, pero no tenía que preguntar cómo".

Antoni Caimari, presidente fundador de la Fundació ACA (Àrea de Creació Acústica), una de las figuras más excéntricas del panorama español, autor de 300 piezas musicales, confiesa que "para crear hay que poner la mente en blanco y buscar en el rebost, en el subconsciente, de donde saldrá todo". Ya lo dijo Beethoven, el compositor que mayormente le ha inspirado y le inspira –"como él, yo también voy contra el sistema"–, al señalar: "Lo que hago, no lo hago yo, me viene del más allá".

Carme Fernández, profesora del departamento de Composición en el Conservatori Superior de Música de les Illes Balears, prefiere hablar de sugestión en lugar de inspiración. "La sugestión es el germen musical, a partir de ahí entran los instrumentos para llevar a buen término la idea", afirma la maestra. "Y la sugestión –añade– puede venir no sólo del mundo interior, también del que nos rodea. Cualquier cosa o sentimiento puede generar la chispa, que siempre será individual".

Noel Nicolau es un joven alumno del Conservatori que ya ha compuesto un Concierto para trombón y orquesta. Si algo requiere esfuerzo, son esos cincuenta minutos de flujos de invención melódica que llamamos sinfonías y conciertos "Lo más difícil no fue escribirlo, sino tener una visión previa de la obra terminada", comenta. Su compañero de clase, Javier Martí, todavía no se ha estrenado, aunque trabaja para ello. "No nos dejan escribir lo que queramos. La idea es mía, pero el lenguaje tiene que ser concreto y coherente".

Como las obras de ingeniería, las obras musicales son productos de unas facultades conscientes, de un talento elaborador. "A la hora de escribir, se escribe igual una sinfonía que una obra para piano. La complejidad es diferente, pero en ambos casos tienes que planear y pensar mucho, ser muy racional, no dejar pasar los sentimientos por encima de la razón", argumenta Francesc Xavier Gelabert. El compositor y profesor de Manacor, de 33 años, autor de un catálogo que incluye más de ochenta obras vanguardistas y en muchos casos experimentales, sostiene que una pieza musical es como un edificio. "Somos arquitectos sonoros –afirma–. Los compositores hacemos planos, estructuras que necesitan la razón, porque de lo contrario se caerían".

Discurso similar el de Carme Fernández, para quien la música es "una construcción en el tiempo; igual que un arquitecto edifica en el espacio, nosotros lo hacemos en el tiempo, con una desventaja, que nuestro producto desaparece y necesitamos de un intérprete", de un transmisor que no siempre conectará con las ideas del creador.

La gran ventaja de los compositores contemporáneos es que pueden trabajar con el ejecutante de sus creaciones. "Cuando alguien interpreta algo tuyo es como si entrara dentro de ti y te releyera", asegura Fernández, quien no duda en afirmar que "la experiencia de la audición directa es imprescindible. Escuchar tu obra es como una retroalimentación y te descubre y te enseña muchas cosas".

¿Cómo sabe un compositor que su obra está concluida? Una pregunta que plantea diferentes respuestas. Para Gelabert resulta difícil contestar con palabras: "Simplemente lo sabes. Das un tema por acabado cuando añadir algo más sería un despropósito o cuando no puedes seguir porque se te echa encima la fecha del estreno", bromea no sin falta de razón.

"Una obra siempre se puede estar reescribiendo y una pieza siempre sucede a otra", indica Carme Fernández, quien pone como ejemplo a Anton Bruckner, que sometió a una revisión constante a sus sinfonías. "Y la última obra no tiene porque ser mejor que la anterior", concluye.

"No hay nada acabado, solo Dios puede hacerlo. Yo siempre corrijo porque un buen creador es aquel que se supera constantemente", opina Caimari. El autor de Anàlisis breus o Colors pianístics, dos de las obras de las que se siente más orgulloso, se ve como "un bicho raro" frente a los compositores de música ligera, "que sí ganan dinero" y pueden vivir de la música. "El nuestro es un oficio vocacional que no nos da dinero y nos somete al ostracismo, porque la sociedad nos de la espalda, pero nos permite crecer de modo personal", afirma la profesora Carme Fernández. "Quiero seguir profundizando en los estudios musicales porque me permiten descubrir muchas cosas y conocerme mejor", asegura uno de sus discípulos, Agustí López.

En cualquier caso, la maestra advierte que en el Conservatori no enseñan a componer, sino a "despertar el espíritu crítico" y a manejar "las herramientas" que permitirán realizar las innumerables combinaciones rítmicas que ofrecen las doce notas.

"Desde que tienes una inquietud, puedes empezar este camino. Se trata de tener algo que decir, porque la creación nace de una necesidad interior", argumenta otro de sus alumnos, Sebastià Llinares.

"Los creadores no esperamos ninguna recompensa, escribimos como lo hacen los poetas, por amor al arte", expresa Francesc Xavier Gelabert, antiguo alumno del reconocido musicólogo Xavier Carbonell, un hombre que "me enseñó a pensar, a indagar yo mismo, a seguir las pistas que me iba dando".

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