MATEU CUART. PALMA
Lo que antes era sinónimo de canción estrella define ahora, sobre todo, el estado civil de moda. Los ´singles´ han irrumpido con fuerza, y hoy hay viajes, cenas y hoteles para ellos, y en la red abundan las grupos de personas que comparten su opción por una vida en singular.
"Cuando tienes amigos, vida social, y vas cambiando de novia a menudo por tu falta de compromiso, la vida se convierte en una aventura tras otra", explica Ricardo, un mallorquín divorciado, de 43 años, y single por voluntad propia, que se siente a gusto con una etiqueta ostentada cada vez por más gente y que engloba a solteros, viudos y separados.
"Es una realidad determinada por el tipo de sociedad en el que vivimos, que hace que las personas tengan cada vez más dificultades de convivencia", ilustra el psicólogo Fernando Ribera. "En el fondo, siempre hay una dificultad para comprometerse, para cumplir con un compromiso de pareja", apostilla. Más meridiano, Ricardo dibuja al single como alguien "bastante exigente" que "busca siempre lo mejor para él mismo", y que es autosuficiente por necesidad.
En su caso no media miedo al compromiso ni síndrome de Peter Pan. "Simplemente estás bien como estás, a no ser que tengas dependencias afectivas", señala. "La gente más joven lo puede pasar peor, pero a partir de cierta edad te haces sexualmente independiente, ya no estás dispuesto a hacer locuras por una mujer", aneja el isleño, poco partidario de las "amigas con derecho a roce" y más de salir con una chica hasta que se da cuenta de que no es su media naranja, y cambiarla luego por otra. "Nunca he estado más de seis meses sin nadie", asegura.
"No hay un perfil psicopatológico del single", apunta Ribera. Sin embargo, aprecia una especial dificultad para encontrar pareja en quienes sufren trastornos de personalidad de tipo obsesivo, "lo que no quiere decir que todos los solteros tengan esos trastornos", aclara el especialista, quien cree que la falta de pareja impide a los singles compartir con otro circunstancias conflictivas.
María, una mallorquina de 36 años, quita hierro al asunto. "El único inconveniente es cuando tienes que mover un peso, entonces te acuerdas de que eres single", defiende. La soltería tiene para ella todas las ventajas, y sólo los inconvenientes de un mundo diseñado para la vida en pareja. "Vas a comprar y todo son paquetes y ofertas familiares; pides cosas para la casa y los dependientes intentan averiguar por qué vas tú; te vas a cenar un día sola, y no es que te miren mucho, pero ya llamas la atención...". La lista es larga, pero sólo pesa al principio. "Es una especie de luto que hay que pasar sin huir ni intentar negarlo". Después, el abanico de posibilidades tiende al infinito.
Afiliarse al Grupo de Solteros de Mallorca es una de ellas. Más de un centenar de socios –"pocos de 20, algunos de 30, la mayoría de 40 y varios de 50 y menos de 60 años", aclaran en su web– comparten, casi a diario, cenas, copas, viajes y excursiones.
"Cuando te separas no te sientes cómoda, te encuentras desubicada, y si tienes niños aún es mucho más complicado", explica Magdalena Cantallops, que se rodeó de gente en su misma situación para sentirse mejor. "Lo que más fastidia a estos grupos son las parejas que surgen", reconoce. Pero los auténticos singles resisten, y prueba de ello es la buena salud de la que goza la actual agrupación mallorquina. Sus miembros tienen cada jueves una cita obligada en el Café Món. "Además, hacemos excursiones, torradas, concursos de paellas, cruceros y viajes a París, Londres, Madrid o Bruselas", detalla Cantallops, que celebra que formaciones así cubran la franja de la ´segunda edad´, muy desamparada.
Para los singles desencantados también hay soluciones. Miquel Àngel Seguí creó para ellos 2son2, el primer portal de búsqueda de pareja de Balears, que cuenta ya con más de 55.000 usuarios registrados, muchos en busca de amistad y bastantes deseosos de una relación estable. "A partir de los 30 años suele haber dificultad para conocer gente, y esta web les da la oportunidad de hacerlo", señala Seguí. A los más atrevidos, les ofrece además sesiones de speed dating –diez hombres, diez mujeres y siete minutos por pareja–, cenas para ocho y catas de vino con las que agudizar los sentidos y, quién sabe, dejar de militar en el cada vez más numeroso bando de los nones.