Integrados. Igualdad de oportunidades
MARIA LÓPEZ. PALMA
¿Qué son 20 años en una vida de 90? Agustín está sentado en un banco con el bastón entre las manos, junto a María Aneas, María Gómez y Francisca López. Los cuatro son usuarios del centro de día de la Llar Reina Sofía y han salido a la plaza para ver las exhibiciones de gimnasia, tai chi y danzas del mundo de sus compañeros. Durante toda esta semana se celebra el 21 aniversario de la Llar, y la junta de gobierno ha preparado un programa de actividades muy completo en el que hay lugar para todos los socios y usuarios.
Con gafas oscuras, María Aneas nos cuenta que asiste al centro desde hace 13 meses: "Al principio me encontré muy triste y ella (María Gómez) me empezó a hablar, nuestras enfermeras son magníficas... Yo estoy contenta. Me siento muy querida (hace el gesto de abrazarse). Para estar todo el día en el sillón...".
Agustín, 90 años, escucha. "Vino muy triste", dice Caterina Massutí, directora de la Llar Reina Sofía. Agustín vive con su nuera. Su único hijo ya falleció. "Veo poco, oigo poco, camino poco; todo poco. Pero estuve bien hasta los 85". Agustín dice que no hay que dejar de hacer cosas y que lo que se haga debe hacerse con amor. Cuando dice esto se refiere a Jordi, el terapeuta ocupacional del centro: "Es una gran persona", concluye Agustín viéndole pasar. Jordi diseña un programa de actividades personalizado para cada usuario que se realiza por las mañanas. Por las tardes, se llevan a cabo actividades grupales para fomentar las relaciones sociales: "Se trata de darles un espacio para que puedan hablar, transmitir y sentir", dice Jordi.
En la Llar comparten espacio y algunas actividades los usuarios del centro de día, mayores con algún tipo de dependencia, pero que no padecen demencias; y los socios. Estos últimos tienen un mínimo de 55 años, si son pensionistas, y pueden participar en los distintos talleres que se organizan. En estos momentos hay 16 en marcha desde manualidades a actividades físicas o culturales. Petri Galmés es la presidenta de la junta de gobierno, un órgano formado por ocho miembros elegidos de forma democrática. "Nos lo pasamos muy bien y todos son muy participativos".
En estas dos décadas la demanda de los usuarios ha ido cambiando. "Cuando se jubilan me preguntan: "¿Qué hago ahora", explica Margalida Vallespir, la trabajadora social. En la Llar dice que encuentran un espacio familiar en el que crean una red de amigos. "Procuramos estar a la altura de los usuarios", dice Caterina. "La demanda es ahora diferente hay más inquietudes culturales e interés por actividades saludables", apunta la directora. En cuanto a los usuarios del centro de día, Caterina explica que el servicio que se da tiene una doble vertiente: los familiares no tienen que abandonar su trabajo y pueden seguir viviendo con sus mayores.