ELENA VALLÉS
Ser moderno significa querer conservar el valor histórico de tu ciudad, mantener intactos sus tesoros, el conocimiento o la rica vida que germinó cierto día. ¿Acaso no nació el enciclopedismo en la era moderna? No hablo sólo de edificios singulares, como palacios o castillos, sino también de algunos bares palmesanos que albergaron tertulias y regalaron tramas a varios novelistas. Me refiero al Joe´s, al Miami o al Formentor. Cerrados a cal y canto. Y no digo con eso que los McDonald´s no den para historietas. Porque estos establecimientos también han de existir.
Parejo y más grave es el caso de las viviendas nobiliarias de Ciutat: de 127 que se contabilizaron en el siglo XVIII, intactas, tal y como se decoraron originariamente, sólo quedan cuatro o cinco. Muchas de ellas son víctimas del capricho de ricos con mal gusto, que las redecoran siguiendo los designios impersonales de la cooltura; otras han sido convertidas en pisos de lujo ("el urbanismo está en manos de los constructores", dice el arquitecto Frank O. Gehry), como Can Puig, cuyos bienes fueron subastados en 1999; y a veces, herederos poco concienciados con el acervo histórico de una comunidad son capaces de desmantelar el patrimonio familiar para continuar con su elevado tren de vida. Pero quizá lo más preocupante es que estas circunstancias hayan podido suceder con la connivencia de las autoridades locales, que sí tienen dinero para hacer velódromos que podrían tirarse enteros a la basura, pero que no sacan nuestra chequera para comprar alguno de estos palacios, que en muchas ocasiones son una carga económica inasumible para las familias que los han ido heredando. Can Oleza sigue en venta. Recuerden que el empresario Vicente Grande puso sus ojos en ella, pero finalmente se declaró en suspensión de pagos. Están conmigo si piensan que no hay mal que por bien no venga (en esta cuestión).
De todos modos, la mejor solución a estos casos la apunta la directora del Museu de Mallorca, Joana Maria Palou, pues cree que habría que crear una red de casales que supusiera en sí misma una unidad económica y productora a partir del cobro de visitas culturales, posibles pernoctaciones de turistas, venta de productos autóctonos, etc. Que todo lo comprara la Administración no sería el mejor remedio: ¿Cómo mantendríamos 17 museos si a duras penas conservamos los que tenemos?