MATEU CUART. PALMA.
Es un avezado militar, un emblema de la historia de la aviación y el primer trabajo de la Oficina de Proyectos de Iberavia. Por eso, la Fundació Aeronàutica Mallorquina ha decidido procurar una vejez digna al AISA I-11-b EC-BTM tras más de cinco décadas desde su primer vuelo, en 1954.
"Aviación Civil nos exigía la revisión de las 500 horas, en la que se mira todo, y ya que teníamos que hacerla decidimos decaparlo y pintarlo con los mismos colores que tenía cuando pertenecía al Ejército del Aire", explicó ayer Miguel Buades.
La Vespa lo llamaban en San Javier, donde a los pilotos les parecía cursi Peque, el apelativo oficial de un avión de 9,34 metros de envergadura por 6,47 de longitud, con un motor Continental C-90 de 90 hp, una velocidad de crucero de 177 kilómetros por hora y autonomía para 650 kilómetros, al que han dedicado seis meses de trabajo posibles gracias a las subvenciones públicas y a la ayuda de Sky Helicópteros.
En total se fabricaron 192 ejemplares, originalmente concebidos como aviones biplaza de turismo, con asientos lado a lado y cúpula de cabina en burbuja, construida en madera, con revestimiento de contrachapado en el fuselaje y alas y revestimiento de tela en alerones.
Su vida castrense no fue muy extensa, pues entre 1957 y 1958 fueron relegados a misiones de enlace hasta que, diez años después, los supervivientes fueron cedidos a los aeroclubs. Ahora, gracias al entusiasmo de sus padrinos, uno de ellos acaba de alzar de nuevo el vuelo.