MATEU CUART. PALMA.
Pequeños, grandes, clásicos, modernos, arriesgados. Bocados como restaurantes, para todos los gustos. 52 participan en esta edición de TaPalma, una iniciativa consolidada ya en el panorama gastronómico de la isla que desafía a la crisis con diez nuevas barras en la lista de rutas. "Cuantos más seamos, menos aglomeraciones habrá", se felicitó ayer David González, responsable de la Asociación de Restauración de Mallorca, que considera el engrose de la lista como una cuestión de lógica. "El que no participaba veía como su local estaba vacío y el de al lado lleno, incluso en miércoles o jueves", sintetizó.
Entre el 7 y el 11 de octubre, de 12:30 a 16 horas y de 19 hasta la medianoche, se abrirá la veda a los amantes del buen comer. Para ellos, cuatro senderos –los de Santa Catalina, Plaza España, Centro y La Lonja–, una zona Entre Rutas y, por lo menos, un centenar de tapas distintas, dos a cargo de cada local, en calidad de embajadoras. "Se trata de que sean representativas del restaurante", abundó el organizador, que confía en que los visitantes aumenten así el abanico de manteles entre los que elegir cuando toca comer fuera. El 90 por ciento de ellas, como también las chatos, se servirán a precios populares, de entre 1,5 y 2 euros, confirmó González, que ayer calculó 200.000 tapas servidas en la última edición, prueba de que una buena propuesta a un buen precio saca de casa incluso al más perezoso.
Todas serán catadas in situ por un jurado integrado, entre otros, por dos cocineros españoles de referencia cuyo nombre se mantendrá en secreto hasta el fin del concurso. Ellos decidirán cuáles merecen la tapa de oro, plata y bronce. Además, habrá premio del público, que podrá identificar sus pinchos favoritos en el Tapasaporte que encontrarán junto al plano. La suerte está echada.