Pietro Beccari. Vicepresidente de Louis Vuitton
ESTEBAN MERCER. PALMA.
Pietro Beccari ha descubierto Mallorca invitado por Fabrizzio Plessi, una isla que pensaba que "era un lugar sólo turístico y con poca historia" y que ha descubierto "llena de encanto, casas maravillosas y cultura". Es un hombre acostumbrado a gestionar el lujo extremo como vicepresidente de la mítica firma de moda Louis Vuitton, buque insignia del grupo LVMH, presidido por el hombre más rico de Francia, Bernard Arnault, gurú de los negocios mas glamourosos del planeta.
–¿Cómo se vive la moda desde un puesto de tanta responsabilidad como el suyo?
–Tengo un trabajo maravilloso y sí, lleno de responsabilidades. Empecé mi carrera en Italia, después me trasladé a Nueva York y he vivido diez años en Alemania antes de llegar a Louis Vuitton, hace cuatro años. Tengo mucho recorrido. Lo bonito es el contacto con personalidades de todo el mundo, porque nuestra marca apoya y está muy cerca de la creación. Siento gran pasión por todo lo que hago.
–Louis Vuitton es el buque insignia de un gran imperio, ¿cómo lo gestiona?
–Pertenecemos al grupo LVMH y somos los más grandes. Todos los productos, desde la creación al marketing pasan por mis manos. La imagen y la relación con los medios de comunicación también. Como marca nos encontramos en un momento óptimo. La crisis ha consolidado nuestra fuerza. Somos la única marca que nunca hace rebajas. Tenemos una distribución propia, no somos mayoristas, así que todos los productos que vendemos vienen directamente de una persona de Vuitton. Así controlamos la calidad al cien por cien.
–¿No se han visto afectados por la crisis?
–Tenemos un contrato moral con los que compran. Somos muy fuertes, y en los primeros seis meses del año hemos tenido un crecimiento porcentual superior al 10%. Somos un valor seguro y en época de crisis la gente busca solidez, seguridad. En estas épocas, y se puede aplicar a todo tipo de mercados, la gente busca la calidad más que nunca. Además, nosotros siempre tenemos una historia nueva que contar, no sólo vendemos un producto. Todo tiene su razón de ser. En tiempos de crisis la gente tiene interés en escuchar bellas historias, pero deben tener justificación.
–¿Su apoyo al arte contemporáneo es una cuestión de imagen?
–En 2012 inauguraremos el nuevo edificio de la Fundación, construido en París por Frank Gehry. El fundador, Louis Vuitton, era muy amigo de los impresionistas en 1884. Les compraba muchos cuadros. Ya entonces estaba muy cercano al arte contemporáneo, así que no hemos inventado nada nuevo. Colaboramos con el arte de formas muy distintas, con artistas como Fabrizzio Plessi, que es el que me ha traído a la isla. Le estaré siempre agradecido porque me ha encantado, y sin duda volveré.
–Aquí se venden muchas copias de sus productos. ¿Las ha visto?
–Sí, en Santanyí, y le dije a una señora que las estaba comprando que hacía muy mal porque así se alimenta una delincuencia que hace trabajar a muchos niños. Nosotros las combatimos con dureza, y no porque sea un problema para nuestro negocio. El problema es que ofende a los creadores, a Mark Jacobs, a Takashi Murakami o a Plessi. También a 45 personas que tenemos trabajando en la creación, que ven vulnerados sus derechos intelectuales. Tenemos a personas contratadas exclusivamente para cerrar fábricas ilegales. Cada mes se clausuran dos, pero es una lucha continua. Hemos tenido grandes victorias, la última en Nueva York, metiendo en la cárcel a personas muy poderosas. Pero se deben implicar los gobiernos, no es algo que podamos hacer solos.
–¿Qué es el lujo?
–Una parte de la vida de cada uno. Nos ayuda a soñar, a buscar cosas bellas y a vivir mejor. El lujo ha pasado por una época de crisis pero el gusto por lo bello y lujoso sigue bajo formas diversas. Para mí el verdadero lujo es el tiempo, pero me gusta lo que está bien hecho. El lujo no se inventa, es historia. Es saber reconocer una cosa bella frente a lo horrible. Ésto es el refinamiento del saber vivir. Desde que trabajo para Vuitton mi percepción de la belleza ha cambiado, ha mejorado mi forma de ver y mirar las cosas porque siempre se mejora estando en contacto con la belleza.
–¿Hemos perdido refinamiento?
–Creo que no se debe perder, y menos perder la calidad máxima de marcas como la nuestra. Repito que tenemos un contrato moral con los clientes que hay que respetar para perdurar. Conozco a gente muy elegante, son aquellos capaces de respetar su personalidad. Es ridículo vestirse distinto a como uno es, hay que tener un estilo propio.
–¿España es un buen mercado para el lujo?
–Es muy importante. Aquí tenemos la competencia de Loewe, que es líder de mercado pero que respetamos mucho porque además forma parte de nuestro Grupo. España es un país con historia y con gran sensibilidad para la belleza, como Francia o Italia. Nuestro producto funciona bien afortunadamente en todo el mundo porque incluso en Oriente tienen a la elegancia europea como referente. No somos sólo una moda, somos tradicionales con un fuerte componente de modernidad, ésto es el futuro. Hemos modernizado la tradición. La moda es la capacidad de influenciar el gusto de los otros, y nosotros lo hemos conseguido.