V. SÁNCHEZ. PALMA.
Asegura que es su novena colección la que más homenajea a su tierra, a la isla que la vio nacer hace ya 35 años. Y no le falta razón. Quiénes ayer tuvieron el privilegio de asistir en directo al showroom que ofreció Carmen March en la espectactular tienda-taller que posee en el privilegiado barrio de Salamanca, en Madrid, fueron transportados al verano sin fin de la mallorquina. Referencias al Mediterráneo, a los nudos marineros y a los anzuelos en una colección muy femenina y cómoda que arrancó buenas críticas y con la que pretende darse a conocer en la meca de la moda, Nueva York.
"Me apetecía muchísimo mostrar mis diseños fuera del ajetreo de Cibeles", explicó March a DIARIO de MALLORCA. "Creo que era el momento oportuno de dar el relevo a las nuevas generaciones. Por eso decidí embarcarme en la dura tarea de organizarlo todo. Desde el maquillaje hasta la peluquería", dijo.
Aunque amparada por la organización de Cibeles Madrid Fashion Week, la locura ha gobernado durante estos últimos días la vida de la mallorquina. "Ha merecido la pena. Ha sido una presentación bonita, sencilla y muy cercana". Y lo fue. Pocas veces, un modisto español deja que el público toque sus prendas, note el tacto de los tejidos, interactúe en el desfile.
Minutos después de las ocho de la tarde, y como sirenas surgidas tras una gran ola de madera, las maniquíes pasearon por un suelo lleno de arena a ritmo de la música de Iván Salcedo. Notas con influencias de melodías folk y surferas para unas prendas que se construyen con cortes elaborados con claras referencias a la costura más clásicas.
Looks minifalderos con reminiscencias a los de monos de neopreno, trajes de chaqueta con falda, shorts y un vestido largo sorprendieron a los asistentes, entre los que se encontraba el diseñador Juan Duyos o la actriz Fanny Gautier. Fue, en cambio, su trabajado bañador el que se llevó las mayores alabanzas. También ocurrió con su cuidada línea de complementos, bolsos y zapatos incluidos. Piel natural o con reflejos metálicos en zapatos de alto tacón o bailarinas, y pendientes trabajados a partir de anzuelos. Cordones de colores brillantes que se mezclan con una delicada paleta en tonos arena, azul mar, piedra, pomelo y sal. Un suave sabor a soberte de albaricoque y limón quedó en el ambiente.