José el Francés. Cantante/Músico
CARLES MULET. PALMA.
José Rodríguez Vázquez (Montpellier, 1971) creció haciendo los deberes a ritmo de la Rosa María que cantaba Camarón. "Sacaba muy buenas notas", promete, antes de dejarse adoptar por el madrileño barrio de San Blas, poblado de Los Focos, donde se confirmó cantante y pasó a ser José el Francés. Amigo de los diminutivos, describe su nuevo disco como "más flamenquito". Con "salsita y rumbita", o con licencia para sonidos ochenteros deudores de Stevie Wonder. Respirando amor, promete, es un trabajo "más español". Que "recupera" la senda de su Alma, cuando pegaba fuerte Ya no quiero tu querer. Visita fugaz, ayer estuvo en Palma, preparando sus próximas dos apariciones en Quina nit, programa que Singular Audiovisual produce con éxito para IB3.
–¿Es una impertinencia preguntarle por qué cinco años de silencio discográfico?
–En la vida todo tiene un momento. Me pasé dos años de gira, fuera de casa, y me perdí los primeros pasos de mis niños, algo irrecuperable. Después, decidí encerrarme, ´vaguear´, porque no veía el momento de volver. Y porque en las radios sonaba todo igual.
–Entonces, le habrá salido un disco muy sincero.
–Los discos que se hacen para un discográfica son una obligación, aunque con la música no se puede ser falso, y yo no sé hacer otra cosa que sea música. Si no logras transmitirte a ti mismo no lo conseguirás con los demás. Tengo un público fiel y espero no defraudarle.
–Antes ´jugó´ con el amor y ahora lo ´respira´.
–En este mundo respirar es obligatorio, y si a eso le añades amor es todo mucho mejor. Los discos de José el Francés no hablan de política, hablan de amor.
–¿Encerrando el flamenco en un disco se quedan cosas fuera?
–La verdad es que se pierde algo, aunque no tanto con el flamenco más moderno que hago yo.
–¿Qué tal con los puristas?
–La verdad es que me he llevado la crítica entera, empezando por la de mi padre. Después, cuando escuchó mi primer disco reconoció que le encantaba y que tenía personalidad. "Eres tú, no hace falta que digan tu nombre en la radio", me decía. A la juventud hay que pedirle personalidad.
–¿El flamenco peligra hoy con tanto experimento?
–El flamenco no se está perdiendo. En Andalucía, por ejemplo, el albañil lo canta cuando trabaja, aunque no se pueda ganar la vida con ello. El problema es que si no vendes no eres nadie, y para poder funcionar tienes que hacer lo que el momento pide. Ahora se lleva la ´pachanguita´, es lo que quiere el público.
–¿Dónde están los límites?
–Lo que no se puede consentir es que uno diga que fusiona el flamenco con el reggaeton, o con el jazz, y después se limite a cantar diciendo ´ay, ay, ay´ , o a introducir cuatro palmas.
–¿Hasta aquí hemos llegado?
–Sí, hasta aquí hemos llegado. Es como si se hiciera burla de este arte, que es tan nuestro, tan tuyo. Es algo que duele en el corazón. Las cosas hay que hacerlas porque uno las siente, no vale inventar por inventar. Además, ya está todo inventado.
–¿Cuánto le debe José el Francés a Camarón?
–Si no fuera por él a lo mejor hubiera terminado siendo mecánico, o pintor, o limpiazapatos. Escuchar a Camarón me motivó para cantar y me permitió descubrir que tenía el don para poder hacerlo. Me dejó enamorado, de los pies a la cabeza.
–Llegó a componerle unos tanguillos y él llegó a cantarlos.
–Con Paco de Lucía a la guitarra, no me lo podía creer. Fui el único niño que tuvo el placer de cantar con ellos. Conocer a Camarón es lo que más me ha llegado al alma en mi vida.