MATEU CUART. PALMA.
La soulería de Pitingo vista desde el sofá, Valentín Mendoza pidiendo al oído Permís per estimar-te o El Canto del Loco desatando pasiones en el jardín de casa. Que nuestro ídolo musical ofrezca en casa un concierto entre amigos es ´sólo´ cuestión de ganas, espacio, algo de suerte y bastante dinero.
"En muchos chalés de la isla, sobre todo de multimillonarios, se hacen este tipo de conciertos", desvela Toni Rubio, promotor musical. "Las condiciones las pone el artista y en el contrato se suele pactar una duración de entre 40 y 45 minutos", abunda y ratifica Rafel Brunet, de Mallorca So. Los equipos y escenarios se adaptan al número de espectadores previstos, generalmente entre 200 y 250 personas, y en cuanto al caché, los hay que se conforman con menos de lo que facturan por un concierto convencional, y quienes acceden al capricho por mucho más. Es el caso de los Rolling Stones, a seis millones de euros el detalle en una boda, comunión o cumpleaños, mientras que su actuación en un estadio sale, según Rubio, por dos millones menos.
Antonio Vega tenía un concierto privado previsto para este mes de agosto en Andratx, explican desde Peveas, y Cris Juanico actuó en una boda, regalo de la familia, apunta Rubio. David Civera también visitó a la isla en calidad de presente de un aniversario por todo lo alto. "Por entre 15.000 y 20.000 euros puede venir, con opción a playback", señala Brunet. El triple, unos 60.000, son necesarios para que El Canto del Loco llame a nuestra puerta. "Nos los han pedido para un cumpleaños, pero cuando oyeron el precio se echaron atrás", aseguran en Mallorca So. "Los más habituales son los grupos musicales de aquí y algunas orquestas, aunque también Pitingo haría una actuación de 30 o 40 minutos en una fiesta privada", anejan. En el otro extremo, artistas como Serrat o Raphael se niegan al concierto en casa.
Más accesible y muy demandado, el máximo representante del folk mallorquín cuenta en su haber con multitud de sorpresas a sus fans. "En una boda entre enamorados de su música, Tomeu Penya puede tocar cinco o seis canciones, que es algo que hace mucha ilusión", sostiene Miquel Jaume, que oferta a través de Trui Events artistas locales a precios poco desorbitados. "Tomeu se conforma con un técnico y un equipo de sonido", detalla el promotor, que lo considera relativamente asequible y más agradecido que la socorrida cubertería.
También Manu Tenorio y Eugenio pisaron un tiempo atrás el felpudo de algún que otro hogar mallorquín, este último para arrancar unas risas con la seriedad que caracterizaba al autor de los "Saben aquell que diu...". Ahora, en cambio, "los artistas de la península han bajado un poco, porque se ha perdido la tradición de montar bodas en casas particulares, que acaban saliendo más caras que en un restaurante", admite Jaume.
Los artistas internacionales también cotizan a la baja en las fiestas mallorquinas. "Exigen tanta parafernalia que es muy difícil que vengan", explican en Trui. Mike Oldfield, ex vecino de Bunyola y responsable de algunos conciertos sorpresa en la isla, reclama, por ejemplo, cenas en tabernas alemanas, mientras que Bryan Adams sólo pone voz al The best of me con cruasanes de zanahoria de por medio, rareza a la altura de Ray Charles, que pedía espejos pese a ser ciego.
Si acceden a visitar nuestra morada, "es importante respetar los horarios, controlar el volumen y pedir un permiso al ayuntamiento", advierten en Trui. Para que ningún vecino, por mucha envidia que sienta, enturbie la visita de nuestro artista favorito.