VÍCTOR M. CONEJO. PALMA.
Vestida de negro lacio y muy corto, la pianista brasileña Eliane Elias (Sao Paulo, 19 de marzo de 1960) inauguró el viernes la sexta edición del Jazz Voyeur Festival, hito ya del calendario cultural balear por méritos propios. Desde sus inicios, el ciclo ha evidenciado una inteligente receptividad hacia las sonoridades heterodoxas del jazz (si es que hay algo más heterodoxo que el propio jazz), de tal suerte que en la edición de 2006 se pudo disfrutar de un antológico concierto del guitarrista Toquinho, otro de los más señalados músicos de fondo brasileños.
El bagaje de Elias es rotundo y palmario, pues ha colaborado prácticamente con toda la primera línea musical de su país: Joao Gilberto, Tom Jobim, Vinicius De Moraes, Caetano Veloso, Gilberto Gil... Todos ellos salieron a colación en un concierto que incluyó versiones de las dos primeras canciones oficiosas de la bossa: Chega de saudade y Desafinado, ambas escritas en 1958, pues el motivo del último álbum de Elias, Bossa Nova Stories, y de su actual gira, es precisamente ese: celebrar el cincuentenario del nacimiento de la bossa nova. También sonó Garota de Ipanema, canciones todas ellas que Eliane Elias ya tocaba con los inventores de la bossa, Jobim y De Moraes, cuando ella contaba con sólo 17 años.
Cantante correcta y mejor pianista, las maneras musicales de la brasileña dejan intuir un dominio no sólo del vocabulario de la bossa, sino también de los recursos del jazz más trotón, aquel que se enhebra desde los primarios dixie y swing hasta los posteriores rhythm&blues y funk. El resultado final fue un notable equilibrio entre las cadencias sincopadas de la música brasileira y el amplio espectro melódico que ofrece del jazz más accesible.
Otras figuras reivindicadas durante la velada fueron George Gershwin (con They can´t take that away from me), el músico pre-bossa Joao Donato (A ra, Minha saudade), Jackson do Pandeiro (Chiclete com banana cerró el concierto) y el gran Dorival Caymmi (Doralice), a quien Jobim consideraba "el artista brasileño más grande". Así lo explicó la pianista, quien se demostró didáctica (casi todas las canciones fueron presentadas y explicadas por ella) y también divina, pues no sólo tras la segunda canción pidió –amablemente, eso sí– que dejasen de hacerle fotos, sino que hasta en tres ocasiones señaló y reprendió a otras tantas personas del público por fotografiarla, mientras seguía cantando y tocando.
Otro aditamento de la actuación estuvo en la banda acompañante. El batería Rafael Barata encendió al público que desbordó el auditorio (un espacio que sonó con cuerpo y volumen, pero algo empastado y falto de definición) con sus solos de querencia tribal y carnavalesca, mientras la joya sonora la regaló el contrabajista Marc Johnson: pareja sentimental y artística de Elias desde hace 22 años (y acompañante habitual del gigante Bill Evans, mito del jazz, durante los dos últimos años de vida de éste), su elegante suite en la larga versión de Desafinado fue, musicalmente, lo mejor de la noche.