Entrevista. Pere Nicolau / Arquitecto
LOURDES DURÁN. PALMA.
Pere Nicolau ha tocado todos los palos en arquitectura: desde el urbanismo como arquitecto municipal a la construcción de grandes infraestructuras como aeropuertos y clínicas, a la más habitual y a menudo, peor entendida, la vivienda. Además es el responsable de la reforma del Gran Hotel, obra de Lluís Domenech i Montàner, y en ciernes, la sede universitaria en el edificio Can Oleo. Si por sus obras les conoceréis, lo que no hay duda es que en la trayectoria de este mallorquín con brillante expediente académico hay un abundante ejercicio de la profesión.
– No seré cortés si empiezo por las duras palabras contra su aeropuerto vertidas por su colega Josep Quetglas quien definió Son Sant Joan como un "tumor maligno". Por alusiones, ¿qué puede decir?
– Habló del cáncer refiriéndose al crecimiento. Ya dije en su momento que el viento lo mueve la sociedad mallorquina, yo hago las velas. El diseño no tiene que ver con el crecimiento.
– Señaló su aeropuerto como "ejemplo de mala arquitectura" a estudiar en las Facultades.
– Respeto su opinión, aunque no la comparto. Han pasado 13 años y ya dije que había que dejar hablar al edificio. El aeropuerto salió más barato que el de Barcelona, y contábamos con poco presupuesto, por eso hay menos ventanas y además, climáticamente, es mejor tener menos aberturas.
– ¿Cuando está en una de sus obras como un ciudadano más, la vive de otra manera?
– Yo me distancio de mis obras. Y estoy acostumbrado a las críticas. Sólo el tiempo lo pone todo en su sitio. He pensado, y cada vez estoy más convencido, que la arquitectura debería ser anónima y alejarse de este momento mediático que vive. Creo que se está quedando gente fuera muy valiosa porque simplemente los medios no hacen sitio para ellos. Antes nuestra profesión era más social y menos mediática. La Bauhaus construyó desde la humildad y la sabiduría. Ahora domina el espectáculo.
– Precisamente, por no distanciarse de sus obras, ¿podrá distinguir entre sus aciertos y sus errores?
– Una de las más complejas fue el complejo de la clínica Planas y Mapfre. La mezcla de usos como el hospitalario es difícil de resolver. Y estoy muy satisfecho de la guardería que acabo de hacer en Magalluf. Las obras peores son las del principio, cuando acabé la carrera y a uno le cuesta decir que no. Ahora soy más exigente y sólo hago lo que quiero.
–Richard Rogers llegó a señalar el Parc de la Mar como un proyecto que le hubiera gustado firmar. Palma se está moviendo y mucho. ¿Le han llamado para consultarle?
– No, y me hubiera gustado que lo hicieran para completar el Parc de la Mar con la Fachada Marítima. Es un tema del que no se ha vuelto a hablar.
– ¿Nos crece bien o mal Palma? ¿Cómo valora las acciones, de un lado tan contestadas socialmente por un amplio sector, del actual equipo municipal?
– Me hubiera gustado que Palma no hubiera crecido; aquí estoy de acuerdo con Josep Quetglas, pero es una utopía. Para crecer bien el requisito fundamental de la ciudad es derribar lo mal hecho. Por decir esto me han llegado a llamar terrorista. Si queremos quedar bien en la Playa de Palma hay que echar abajo una serie de casas, por supuesto con una justa negociación; sé que sería mal visto por los políticos. En este sentido, creo, y sin ser militante, que la acción de esponjamiento llevada a cabo por Margarita Nájera en Calviá es ejemplar.
– ¿Derribaría el edificio de Gesa?
– No. Lo defiendo pese a sus muchos detractores como Patxi Mangado y Busquets, pero representa la buena arquitectura que hizo Ferragut. Que habrá que pagar a Nuñez y Navarro, ya, pero recuerdo aquello que dijo un día Sert: Siempre hay dinero para autopistas y nunca para parques. Yo diría ahora que nunca hay dinero para la cultura, y el edificio de Gesa es un bien cultural.
–¿Cuál es su opinión acerca del modelo de ciudad de transporte público, incluido el tranvía, y la bicicleta como sustituto del coche?
– Siempre he sido partidario del tranvía y no del metro en Palma por una razón clara. Aquí hay que mostrar al turismo nuestra belleza y tras esta crisis de construcción que padecemos, está claro que nuestra economía depende por completo del turismo. Palma es cada vez más parecida a Miami. En cuanto a los coches, será un problema porque al mallorquín le gusta mucho ir en automóvil; ¡a mí también! ¿Un nuevo modelo social? Yo no hago política. Los isleños somos individualistas y no queremos compartir, además somos muy comodones. El tema del carril bici va a tener un riesgo político, aunque no creo que le cueste la alcaldía a Aina Calvo. Sí que creo que ha de haber una dirección clara en estos temas, porque no podemos vivir a golpe de capricho.
– Antes ha señalado muy convencido que el turismo es el motor económico de la isla, pero si ésta cada vez está más construida, se buscarán otros paraísos. ¿O no?
– La competencia no está en lugares vírgenes sino en aquellos que tengan los mejores equipamientos. La condición humana es igual en todos lados, y lo que quiere un turista son buenas infraestructuras. El casco antiguo de Palma, por ejemplo, es un valor inestimable. Soy optimista porque creo que la sociedad mallorquina es inteligente y lo que ha ocurrido en Mallorca, a diferencia de Levante, es que los conservadores han sido más proteccionistas con el territorio.
– Los arquitectos también han aportado su grano de ´hormigón´ a la fiebre constructora.
– Al arquitecto le piden las cosas.
– Claro, y puede decir que no.
– Por supuesto. Cuando acabé la carrera en los 70 éramos 45 arquitectos, y ahora somos mil. Si repasamos lo hecho veo pocos ejemplos interesantes.
– Felipe González veraneó en su casa cuando era presidente del Gobierno. ¿Le benefició como arquitecto su amistad?
– Más bien me perjudicó porque algunos de derechas me tildaron de rojo. No he tenido clientes en el Caribe.