Música. Raimon / Cantautor
CARLES MULET. PALMA.
Ramon Pelegero Sanchis (Xàtiva, 1940) se pronuncia Raimon, sinónimo de Cançó. Hablar de los cincuenta años que acaba de cumplir su primer grito –Al vent– no hace justicia al medio siglo que también ha pasado; una medida temporal que sugiere más Historia. Valenciano, a pesar de vivir en Barcelona, celebrará esta noche la Diada mallorquina. Su recital en el Teatre Principal –treintena de canciones– será "más selectivo que antológico". Le acompañarán sobre el escenario Pau Domènec (clarinete), Miquel Blasco y Joan Urpinell (guitarras) y Fernando Serena (contrabajo).
–¿Se le hace más difícil componer con el paso del tiempo?
–Sí es más difícil, pero en parte es una cuestión de exigencia, de coherencia, de que no querer repetir lo que ya se ha dicho, porque ya está dicho. O porque crees, o te dicen, que no se puede decir mejor. La vida personal también puede influir mucho, llegando a impedir la creación en un momento dado. Creo que con los años no se produce menos, se produce diferente.
–¿Quiere lo mismo Raimon a sus 68 años que lo que quería antes?
–Es complicado saberlo, porque incluso los gustos gastronómicos cambian. El tiempo como tal no existe, somos nosotros, es una sensación de movimiento. Y es muy contradictoria. Por un lado, si mantienes la actitud de aprendiz sigues aprendiendo. Por otro, te das cuenta de que hay muchas cosas que ya las sabías.
–¿Se ha sentido ensasillado?
–Personalmente no, pero he visto como han intentado hacerlo, muy a menudo. Lo más fácil es poner la etiqueta, pero los humanos no somos mariposas. Yo estoy vivo, sigo haciendo mi pequeña obra dentro de la cultura catalana, que es el marco que me corresponde dentro del universal.
–¿Cuánta intención había en Al vent hace 50 años?
–Menos de querer publicarla, toda la intención. Al vent es un concentración de cosas, una necesidad de escribir sus versos, hecha con los elementos mínimos. En ella ya estaba el viento como metáfora de la adversidad, de las cosas que hacen daño y desorientan. También el sentirlo por el cuerpo y querer ir en su contra.
–¿Eran más atrevidos los que cantaban en catalán o los que iban a verles hacerlo?
–Es cierto que nuestro público nos fue creando, y que existió la conjunción necesaria con él; como cuando el poeta sabe que hay cuatro personas ´importantes´ dispuestas a escucharle. Pero que conste (ríe) que los artistas éramos más atrevidos.
–¿Más inconsciencia que valentía?
–Nunca me lo he planteado así, yo sólo quería aportar cosas con la música. También había un intento de oficio, que no ha terminado de cuajar. Sigue faltando un circuito estable, una programación lejos de las grandes propuestas. Hay muchos teatros, pero faltan ciclos en ellos.
–¿Todavía ´Ens calen cançons
d´ara´, como les invitó Serrahima?
–Siempre se hacen cançons d´ara.
–Ya, pero un disco como Cançons de la roda del temps, con Raimon, Joan Miró y Salvador Espriu sería imposible hoy.
–También participó Fuster, y es un disco que duele, porque duele pensar que ya no están con nosotros.
–¿Por qué le enganchó, y tan pronto, Espriu?
–Por su gran poesía, por la identificación de sentimientos. En ella te sientes representado.
–Aquella España no les gustaba. ¿Y la de ahora?
–Una dictadura es el peor régimen político posible, no se puede comparar, aunque que no quiere decir que lo que venga después sea perfecto. No me gusta el bipartidismo de ahora, donde unos dicen y los otros desmienten. Muchos políticos han olvidado su función. Da la impresión que entre todos somos incapaces de encontrar la solución a los problemas, y es algo que me disgusta.