MATEU CUART. PALMA.
La bossa nova sabe ahora dulce y el ritmo de unos tambores llena de color un gran lienzo negro. Música, pintura y gastronomía unen fuerzas en la sexta edición del Jazz Voyeur, que arranca el viernes a las 20:30 horas en el Conservatori de la calle Capitán Salom, en Palma, con la pianista y vocalista brasileña Eliane Elias.
El restaurente de Pepe Pintos, situado a escasos metros de allí, en la calle San Francisco de Sales, 18, tomará el relevo tras la actuación, convertido, con el apoyo de Cort, en una galería de arte para más de un sentido. A la presumible presencia física de la artista, el cocinero ha decidido anejar la tapa Eliane, "muy sencilla pero colorista", a base de palmito, un producto del Brasil que vio nacer a Elias y a los ritmos que interpreta. Aderezado con pétalos de flores, el plato, a unos dos euros la ración, "creará sinergia" con otra Eliane, en este caso caso un acrílico sobre tela confeccionado también por Pintos con la música de la brasileña por inspiración.
La degustación para la primera cita con el jazz incluye asimismo, y entre otras tentaciones, unos pimientos con salsa de azafrán, que reproducen parte de "un mural lúdico y divertido" en el que las teclas de un piano son berenjenas y unos espaguetis forman las cuerdas del contrabajo. Se trata de uno de las obras permanentes de la muestra dedicada al Jazz Voyeur, como lo será para el paladar el Dulce chocolate Bom-Bom, postre oficial del festival.
El resto de tapas cambiarán tras cada concierto, como lo hará también la obra que encabeza la muestra de arte plástico. Para la cita del día 26, con Marc Ayza, Pintos promete un lienzo oscuro con blancos y dorados impresos al ritmo de la música, y una instalación en la que unas tapas de olla servirán de percusión.