G. RODAS. PALMA.
Pasa el tiempo y sobre el escenario se mantienen los temas de siempre, algunos de ellos inmortales y universales, como el amor y su otra cara, el desamor. Quién mejor para ponernos al día que Pimpinela. El dúo argentino, formado por los hermanos Galán, Lucía y Joaquín, suma veinticinco años tirándose los trastos a la cabeza. El pasado sábado repitieron escena, dejando patas arriba el escenario del Auditòrium, decorado para la ocasión como un salón, frente al cual se sentaron más de mil entregados seguidores.
Ganaron las féminas, no sólo en las letras, también en la platea y el anfiteatro. Muchas latinoamericanas y un grito común: "Guapo", dirigido a Joaquín, el malo de esta historia centrada en la reivindicación de la mujer y salpicada con ritmos variados: un poquito de rock, otro poquito de rancheras mexicanas, algo de rock y un pizca de folklore.
Lucía y Joaquín dieron a sus pupilos una lección de relación de pareja y de amor entre miembros de la familia. Esto no es amor, Vivir sin ti no puedo o No necesito tu amor fueron algunos de los reproches que el dúo se lanzó a la cara, un cuerpo a cuerpo que repitieron con cada canción, coreadas desde la primera a la última por su legión de fans.
Dos mesitas con sus respectivas sillas y una coqueta fueron los elementos escenográficos empleados por Pimpinela, que tiene tanto de dúo musical como de teatrero. Ya lo dicen los dos cantantes, surgidos del barrio porteño de Villa Urquíza, lo nuestro es la canción hecha teatro, o el teatro convertido en canción. Plantado como un árbol se queda Joaquín cada vez que Lucía le recuerda que el amor no se puede olvidar, que necesita un poco de cariño o que hay amores que matan. Olvídame y pega la vuelta, le suelta. Valiente quiere ser él, con más aguante que un campeón, protagonista de Esa chica y yo. Juntos, de la mano, recuerdan que siempre y pase lo que pase, serán hermanos, en lo bueno y en lo malo.
"Qué bien que estemos hoy aquí, precisamente cuando se cumplen 40 años de historia del Auditòrium", confiesa una pareja que siempre ha encontrado "un talismán" en el centro cultural del Paseo Marítimo.