GUILLERMO SOLER. PALMA.
Aunque la luna llena, la gran invitada para la vendimia nocturna organizada por las bodegas Can Majoral, con motivo de su 30 aniversario de creación, en su finca vinícola de Son Roig, estuvo casi ausente por culpa de las nubes, fue un éxito. Unos 150 jóvenes, con gran presencia femenina, todos amigos de la familia Oliver, especialmente de sus hijos y sobrinos, fueron los que distribuidos por treinta hileras de cepas, todas con buenos racimos de la variedad Ull de llebre, conocida en la Riojacomo Tempranillo, iniciaron la vendimia 2009 por esa zona de Son Roig.
El resultado final, después de dos horas de ir cortando racimos, por lo general con tijeras de podar, fueron 10.500 kilos de buena uva tinta. Uva recogida primero en cubos, que una vez llenos, pasaban a unas cajas de plástico, pasando estas, una vez llenas, a los remolques de carga remolcados por tractores. La aromática carga, pues esta vendimia es, por el momento, de las buenas, tanto en cantidad como calidad, se trasladó a la bodega de Algaida, donde reposó en una cámara fría. En la mañana de ayer, los granos de uva pasaron a fermentar en depósitos de acero. En unos días se pasará al prensado, siguiendo el resto de procesos hasta llegar el vino al consumidor.
Ningún detalle fue dejado al azar por la familia Oliver, representada a pie de viña por Mireia, hija de la casa, la cual, antes de iniciarse el corte de los racimos, dio una serie de recomendaciones, como la de no cortar los alambres que sujetan las cepas cultivadas en espaldera. En lugares estratégicos se situaron puestos con agua fresca. Tampoco faltó la música. Entre los vendimiadores ocasionales, si bien algunos ya llevaban unas cuantas vendimias sobre sus espaldas, no faltaban médicos y enfermeras, por lo que la asistencia sanitaria rápida estaba asegurada, aunque esta no fue necesaria.