VANESSA SÁNCHEZ
Miro con cierta envidia a Eivissa. Allí, los rostros más conocidos del papel couché se dejan fotografiar en las playas. Saraos cada noche, compras con la caída del sol... parece que el verano se disfruta más en la Pitiüsa Mayor. Mallorca es más que nunca la tierra de la calma, isla a la que los famosos vienen a refugiarse en un hotel y pasar desapercibidos.
Las bombas han venido a confirmar el cambio de filosofía, hay cierta sensación de inseguridad, de miedo. Incluso el Rey, llámese austeridad, llámese más trabajo, ha sido menos don Juan Carlos que nunca. Apenas un paseo en barco, dos entregas de premios y sólo un despacho con Zapatero. Más enérgica la Reina, en su faceta solidaria, y la siempre esquiva doña Letizia. Parece que prefiere tomar el sol a varios miles de kilómetros de las Balears.
No ha habido una gran fiesta del verano. No es tiempo de celebraciones... los últimos estíos mallorquines no volverán a ser nunca como antes. Habrá que exprimir las migajas.