ELENA VALLÉS
O tienen mala leche o dos dedos de frente. Los políticos listísimos a quienes se les ha ocurrido encasquetar un carril bici en las Avenidas de Palma debieron planificarlo en día de resaca. La calle se ha quedado enana y aún lo será más cuando circule el tranvía. El fomento de las dos ruedas debe pasar también por que los ciclistas se sientan seguros al transitar. Los que pedaleen por la arteria más atascada de la ciudad estarán a muy pocos centímetros de los coches y al mínimo movimiento brusco de manillar se les pondrán de corbata. El estrés perfecto para no coger al día siguiente el velocípedo. La alternativa con más sentido común a las Avenidas es el acondicionamiento del carril bici por la calle San Miguel y detrás de la Plaza de España hasta la calle Josep Anselm Clavé, con la ventaja añadida de no tener que eliminar tantos parkings. Hay otros detallitos que Aina Calvo deberá plantearse para que los carriles sean algo más que asfalto pintado de granate: los aparcamientos reservados para bicis con un mínimo de seguridad, porque en algún lado deberemos endilgarlas mientras curramos; y un servicio de alquiler tipo Bicing, como en Barcelona.
Bien mirado, uno vuelve a tener la sensación de que aquí no se planifica nada. Palma se convierte en récord Guiness por contar con parques y obras públicas hechos tres o cuatro veces. Muchos ciudadanos auguran que el carril de las Avenidas y otros tramos del trazado tendrán que eliminarse y volver a hacerse en otros sitios. Sobrecostes de la democracia que luego impiden el desarrollo de otros proyectos, como el Consorcio del Audiovisual de Bàrbara Galmés. Atascado de por vida. El sector está que trina con el Govern. Zapatero lo mima y Antich lo maltrata. La consellera de Cultura ha cometido muchos errores, pero había conseguido la implicación económica de otras cinco instituciones para ayudar un poco a nuestro cine. Lo que falta es el informe positivo del conseller de Economía Carles Manera. Y lo que sobra es una voluntad de aumentar las razones por las que echar a Galmés. Lo del consorcio se lo han tomado en la conselleria como una "puñalada trapera" de su propio partido. "La intención es no bajarnos del burro. Otra cosa es que nos bajen", dicen. Y a Galmés la harán caer de su bicicleta.