MATÍAS VALLÉS
La principal suite del Grand Hotel de Estocolmo, diciembre de 1989. Le pregunto a Cela si alguna vez regresará a Mallorca. A mi espalda suena un estruendo, Marina Castaño abre y cierra cajones con violencia, remueve nerviosa el mobiliario, un poltergeist escandinavo. El Nobel recién coronado responde diplomático, sí pero no. Y así ocurrió. O no ocurrió, porque prácticamente no reapareció, blindado tras Puertas de Hierro. En cambio, su viuda se ha instalado –prácticamente– entre nosotros. Sea bienvenida, Verano no guarda rencor.