GABRIEL RODAS. PALMA.
–Le vimos en primera fila en el concierto que Leonard Cohen ofreció en el Palma Arena. ¿Quiere su música para alguna de sus películas?
–Hay un thriller que escribí para Penélope Cruz pero que aún no he hecho, en el que me gustaría usar una canción suya, pero no diré cuál. Soy muy fan de Cohen. Estuve en su primer concierto de la pre-gira, en Nueva York. Le sigo desde que yo era un crío. Es un gran poeta y posee una voz única y maravillosa. Forma parte de mi vida. Le he visto envejecer y he crecido con su música.
–¿Penélope Cruz siempre será la niña de sus ojos?
–Penélope es una maravilla de actriz a la que quiero mucho y con la que me gusta trabajar. Pero un director debe ser polígamo, tiene que abrirse a los nuevos y a los viejos, como he hecho en mi próxima película, El artista y la modelo (centrada en la Francia ocupada por los nazis), donde coinciden Jean Rochefort y Aida Folch, que ya trabajó conmigo en El embrujo de Shanghai.
–¿ETA ha modificado sus vacaciones mallorquinas?
–Las ha modificado en la medida de lo que te indigna un crimen como el cometido. Los asesinos que más detesto son los que matan por ideas. Puedo entender a un tipo que mata por hambre, por venganza o locura, pero el que mata por ideas es el ser más despreciable que existe.
–¿Con los cachorros etarras funcionaría el milagro de Candeal: la música?
–Hace poco un histórico de ETA en prisión los calificaba de yonkis descerebrados. Ni hasta ellos se ponen de acuerdo. El terrorismo no tiene explicación racional.
–¿Qué le ha sorprendido de Chile, el país donde ha rodado su última película, ´El baile de la victoria´?
–Sus vinos y sus actores. La escuela de actores chilena ha sido para mí una revelación. Si Julio Jung fuera americano lo veríamos en las películas de Scorsese y Michael Mann. He tenido actores de una enorme calidad en papeles muy pequeños, como Mariana Loyola y Catalina Saavedra, que han arrasado este año con La nana. Se han llevado todos los premios en Sundance, Cracovia, Berlín... La película se ha hecho sin un duro, en casa de los padres del director, rodada en vídeo. Si fuera una película americana, se llevarían los Oscar a la Mejor Protagonista y Mejor Secundaria.
–¿Qué le ha llevado a realizar una adaptación cinematográfrica de la novela homónima de Skármeta?
–Es un autor muy vitalista. Lo que me hizo ver que había una película dentro de su novela fueron cosas que son muy comunes conmigo, como es la mezcla de tonos, de géneros. El baile de la victoria es sobre todo una película romántica, pero tiene elementos de comedia, de thriller y a la vez la veo como un western del siglo XXI. Esa mezcla de humor y tragedia está sobre todo en las películas que he hecho con Azcona y en la mayoría de los libros de Skármeta.
–¿En qué se diferencian su ladrón de bancos al de ´Enemigos públicos´?
–Aún no he visto Enemigos públicos. Probablemente vaya esta noche (la de ayer para el lector) a verla a los Renoir. Supongo que el mío es más poético.
–¿Cuándo podremos ver ´Chico y Rita´, su primera película de animación, en la que trabaja con Mariscal?
–Todavía hay que acabarla. A mí me queda solo terminar de producir un tema de la banda sonora –en la que habrá música de Charlie Parker, Chano Pozo, Dizzy Gillespie y otros jazzistas–. Detrás de esta película hay un trabajo descomunal de muchos años. Con ella me he divertido de un modo diferente. Ha sido muy bonito. Pero todavía queda para esa película. Ahora estoy con El baile de la victoria, que se estrena el 4 de diciembre y se pasará en San Sebastián el 19 de septiembre, fuera de concurso.
–¿Impaciente?
–Se me está haciendo muy largo el estreno. Tengo unas ganas de que la vea la gente. ¿Sabes qué es acabar una película y estar cinco meses esperando? Lo pasas mal. No es que haga las películas para el público, pero el tipo de cine que hago es siempre muy directo, muy de emocionarte... Esta película es muy de sentimientos, de corazón, y me apetece que el espectador ría y llore ya.
–¿Figura Palma entre las ciudades que embrujan a Fernando Trueba?
–Tengo muchas, pero soy poco turista. Nunca voy a ver monumentos ni nada de eso. Soy lo contrario al viajero. Siempre viajo con un pretexto. Río, Nueva York, Los Angeles, Barcelona y Palma son mis favoritas.
–Ultimamente se le ve más cerca de Latinoamérica que de Europa.
–Es más fácil sentirse como en casa en países no ricos. A veces los países demasiado ricos se vuelven ásperos, menos humanos, aunque tienen cosas que uno desearía para esos otros países, y automáticamente dejarían de ser tan cálidos y entrañables.
–¿Confiaría en un político mallorquín?
–Seguro que hay gente honrada en el PP, como también hay gente golfa en la izquierda. Lo que ha pasado en Mallorca es que se ha movido demasiado dinero, ha habido mucha especulación. Lo que más me fastidia es que se ha maltratado a la isla, la han destruido y machacado con construcciones horrorosas. Lo primero que tiene que amar un político es el lugar donde vive y donde le han votado. Pese a todo, sigue siendo un paraíso.
–Adivine a qué sector le han recortado en Balears las ayudas institucionales por la crisis.
–Al cine, que siempre se lleva todas las hostias, de los políticos, de la gente, del dinero... Pero no importa, sobreviviremos a todo.
–¿Se puede hacer cine sin subvenciones?
–No se puede hacer cine sin una política cultural. Me niego a hablar de las subvenciones por una razón: ¿por qué en España solo se habla de las subvenciones al cine? Todas las industrias están subvencionadas, hasta la construcción y la prensa.
–¿Angeles González-Sinde es mejor cineasta que ministra?
–Hace ambas cosas lo mejor que puede. Al cine también le afectan los ministerios de Interior, Industria y sobre todo las televisiones. El Gobierno se ha bajado los pantalones con las televisiones. Los políticos no tienen el valor de enfrentarse a ellas, tienen miedo. "¡Ay, que nos han sacado cuatro segundos menos!; ¡ay, que se meten con nosotros!"
–Tranquilice a su público. Nunca veremos a un Trueba ministro.
–Nunca se puede decir nunca. Respeto mucho a los ministros. Aceptar el cargo tiene más desventajas que ventajas. Cuando alguien como Gilberto Gil acepta ser ministro con lo fácil que es su vida cantando es porque se preocupa por su país e intenta aportar su granito de arena.
–¿El Barça es un equipo de cine?
–El Barça es cojonudo y más ahora con Guardiola, que le ha devuelto al fútbol la alegría de mirarlo y disfrutarlo.
–¿Aceptaría un dueto con Woody Allen, usted al saxo y él al clarinete?
–Yo no sé tocar. Llevo toda la vida intentándolo. Nunca tocaré ni mal. Woody Allen sabe tocar su instrumento, lo cual no quiere decir que sea un buen músico. Nunca voy a ver a sus conciertos, no me interesa su música, me aburre. Sí veo sus películas, incluso las que no me gustan.
–¿Qué hubiera sido de Trueba sin el cine?
–Sería un pintor malo, un escritor regular o un músico pésimo.
–¿Le gusta todo lo que hace Barceló?
–No todo, pero es uno de los pintores a los que sigo. Me encanta su fuerza.
–¿Ya tiene a Buika entre sus favoritas?
–Me fascina su gran personalidad. Puede hacer de todo: cantar copla, flamenco, jazz y lo que le echen.