VANESSA SÁNCHEZ. PALMA.
El jueves 30 de julio, dos jóvenes guardias civiles perdían la vida en un atentando de ETA perpetrado en Palmanova. En aquella fecha aún no habían comenzado de manera oficial las vacaciones reales en Mallorca. La firme intención de transmitir austeridad en el descanso real había retrasado la llegada de los Reyes a la isla. Aún así, en el palacio de Marivent estaban ya los duques de Palma, la infanta Elena y seis de los ocho nietos del Monarca. Activadas las alertas, y tal como adelantó DIARIO de MALLORCA, comenzaba entonces una actividad intensa por parte de todos los miembros de la Familia Real. Ante el miedo y el terror, imagen de tranquilidad. Los gestos, muchos y repartidos a lo largo de todo el mes de agosto, han reforzado la estima que el pueblo mallorquín siente ante sus más ilustres veraneantes.
El viernes 31 de julio, los Príncipes de Asturias aterrizaban en Palma para presidir el funeral en honor a Carlos Saénz de Tejada y Diego Salvá. Junto a ellos, la infanta Cristina, Iñaki Urdangarín y la duquesa de Lugo. Fue el sábado 1 de agosto cuando, a su llegada a la base aérea de Son Sant Joan, don Juan Carlos expresaba su firme convicción de que sólo combatiendo a los etarras se acabaría con ellos. "Seguiremos dándoles en la cabeza, hay que combatirlos hasta acabar con ellos". A continuación, el Rey añadía sentirse "segurísimo" y "encantado" de estar en Mallorca. Primer guiño claro a los turistas. Si el Jefe de Estado se siente seguro no hay de qué preocuparse.
La estrategia de ´vender´ la isla al exterior como un destino ideal continuaría días después. Ni al mejor experto en promoción exterior se le habría ocurrido protagonistas semejantes: Felipe y Letizia, acompañadas por sus pequeñas hijas, Leonor y Sofía, paseaban radiantes por el Parc de la Mar. La Seu, al fondo, completó la bella postal tomada una calurosa mañana del 5 de agosto. Ya por la tarde, visita al Náutico. Las imágenes dieron la vuelta al mundo.
Don Juan Carlos se reunía al día siguiente con las autoridades isleñas y con los hoteleros, que le agradecieron la especial sensibilidad que la Familia había tenido con Mallorca y sus ciudadanos. Parecía volver la calma.
Pero de nuevo, la cadena de explosiones en distintos bares de El Molinar y Ciutat, el 9 de agosto, devolvía la sensación de inseguridad. Más terapia monárquica. La Reina, recién llegada de Atenas, compraba en la milla de oro palmesana –Jaume III– en compañía de la infantas Cristina y Elena. En su recorrido, encuentro, casual o no, con la madre de uno de los guardias civiles asesinados. Los pequeños de la casa también han tenido protagonismo: clases de wakeboard, visita al delfinario Marineland y paseo en el Fortuna.
Y el mes aún no ha terminado. La semana que viene llega cargadita de eventos.