MATÍAS VALLÉS
Entre la charlotada y la carlistada, ETA es forzosamente monárquica. Los veinteañeros abombados quieren instaurar la dinastía de Otegi siglo I, rey de Albania. Su cadena de asesinatos y su gymkhana de bombas ha dinamitado la causa republicana con más furor que una corona de espinas sobre la testuz de un político. Los Reyes de España y Familia se crecen si no han de expresarse. Les ha bastado pasear por la semblanza de Oriente Medio en paz que desean los etarras para Mallorca, recogiendo la cosecha de su verano más fructífero.