CRISTÓBAL RIPOLL
"Perdone, ¿me puede enseñar la documentación?" Ahí estaba yo, miércoles por la noche y retenido por un grupo de policías a la caza de sustancias ilícitas. Afortunadamente, en mi coche sólo hay un par de metros cúbicos de desperdicios que una vez fueron desechos y que pronto serán detritus, por lo que los agentes no tardaron en dejarme marchar. Aparqué donde pude y me encaminé raudo al Motown, un bar del Marítimo donde en unos minutos actuaba Black Jack, un fantástico dúo que imprime dulzura a clásicos de rock usando guitarras acústicas.
¿Hay alguien en casa? Para mi sorpresa, el Motown estaba tranquilo. Chequeé el local y miré por debajo de la barra, pero aparte de mi persona y una vitrina con docenas de botellas no había nadie. La visión de tanto alcohol desprotegido me resultó tentador, pero mis fantasías se vieron interrumpidas por la llegada del dueño del local, Mateu Nadal, y de dos camareros del bar heavy Fragel, Silvia Ramos y Miki González. Este último es el creador del Kojak de Fragel, un delicioso cubata con sabor a Chupa Chups. Le dije que era uno de mis héroes, pero ni con esas me quiso revelar los ingredientes del combinado. "Secreto, como la receta de la coca-cola", me dijo.
Empieza la parranda. El bar se llenó instantes antes de que llegasen los integrantes de Black Jack. Presto, me situé junto a un grupo de simpáticos colombianos –y atractivas venezolanas–, y así conocí a Brus García, un dicharachero asiduo del Arenal. Por delante me aguardaba un intenso repertorio de versiones de U2, Bob Dylan y AC/DC.