CARLES MULET. PALMA.
Veraniega y mallorquina tradición, la Reina aprovechó la mañana de ayer para acompañar a tres de sus nietos a Marineland, en la Costa de´n Blanes, un delfinario que acostumbra a recibir visita real cada mes de agosto. Doña Sofía, acicalada con la sonrisa propia de una abuela orgullosa, llegó al recinto con los benjamines de los duques de Palma: Pablo Nicolás, Miguel e Irene. Permanecieron dentro casi una hora, el tiempo que dura el veterano (y respetuoso) espectáculo protagonizado por delfines y leones marinos. No fue con el grupo Juan Valentín, el mayor de los cuatro hermanos.
La Reina y sus nietos llegaron a Calvià cercanas las 11.20 horas, diez minutos antes del inicio del show. Permanecieron en las instalaciones de Marineland hasta las doce y cuarto, para salir por la puerta contigua a la entrada principal. Nada más pisar la calle regalaron a la prensa un simpático y fugaz posado. Compareció contenta doña Sofía, vestida con una verde y ancha blusa estampada con motivos florales, pantalón blanco y alpargatas de cuerda con tacón de cuña y puntera abierta. Igualmente risueños abandonaron el delfinario los dos pequeños varones, rubios como el oro y de impoluto blanco marinero. Irene, sin embargo, con vestidito oscuro, parecía contrariada, seguramente con pocas ganas de regresar a casa. Su abuela no escatimó en carantoñas para secarle alguna lágrima, reconvertida a media sonrisa pocos segundos después.
Tras dejarse fotografiar sin dificultades, la Reina agradeció por quintuplicado la presencia de los medios de comunicación, que pudieron trabajar con la viabilidad habitual de un verano 2009 donde la consigna real es avivar la normalidad. Concluida la espontánea sesión fotográfica, y tras acomodar a los tres niños en la parte posterior de un elegante Mercedes color verde botella, doña Sofía cogió el volante y abandonó el lugar, seguida muy de cerca por un vehículo de seguridad. Algunos turistas españoles, cómplices de la escena, aprovecharon entonces para presumir en voz baja de haber compartido su mañana de delfines con algunos miembros de la Familia Real.
A la espera de instalarse en Washington –donde pasarán como mínimo los dos próximos años– los hijos de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarín apuran los postreros días de un verano donde también se han iniciado en el mundo de la vela y el esquí acuático; junto a sus primos Froilán y Victoria Federica, hijos de los duques de Lugo. La Reina, conquistada por sus nietos, comparte con ellos todos los minutos que puede, consciente de que este invierno echará de menos, más que nunca, a los rubiales Juan Valentín, Pablo Nicolás, Miguel e Irene, separados en breve por más de 6.000 kilómetros de distancia.