Entrevista. Marisa Berenson/Actriz
ESTEBAN MERCER. PALMA.
Es una de las mujeres más bellas del mundo. Nació rodeada de la exquisitez que caracterizó a su abuela, la diseñadora y artista Elsa Schiaparelli. Diana Vreeland, gurú de la moda y directora de Vogue America, la convirtió en musa de los mejores fotógrafos del mundo que la llevaron a las portadas de las revistas más importantes. Vivió el Nueva York de Andy Warhol y la Factory. Visconti la descubrió para el cine, trabajó en la mítica Cabaret junto a su todavía amiga Liza Minnelli, protagonizó Barry Lyndon de Stanley Kubrick. Una carrera llena de éxitos que comparte con Diario de Mallorca durante sus vacaciones en la isla, mientras espera el estreno de tres películas y se prepara para interpretar a la Virgen en una película del español Ruiz Barrachina que narra los últimos días de Cristo.
–Sus inicios fueron en la moda. ¿La ayudó en su carrera?
–Empecé como maniquí con sólo dieciséis años en Nueva York, acababa de salir de la escuela. Mi abuela Elsa Schiaparelli no quería que me dedicara a la moda. Pensaba que una niña de buena familia debía casarse bien, todo lo contrario que hizo ella. Ella sabía por experiencia que una mujer trabajando en este mundo no lo tiene fácil y quería protegerme. Pero yo era rebelde, quería independencia, así que partí de casa tras la muerte de mi padre.
–¿La marcó ser nieta de la gran Elsa Schiaparelli?
–Profundamente. Teníamos una relación muy bella y pasional, estaba muy presente en mi vida. Era una mujer muy fuerte, independiente, que se había criado en una familia muy severa de la nobleza italiana. En un momento dado rechazó toda esa educación y partió sola para convertirse en lo que fue, una gran artista. Ahora está en todos los museos al lado de Dalí, Cocteau, Picasso.
–¿Usted vivió algo parecido en el Nueva York de Andy Warhol?
–Sí, éramos muy amigos. Fue una época enormemente creativa. Todo era una aventura formidable que ha marcado toda la cultura posterior. Todo cambió. Tuve una enorme suerte viviendo este periodo en primera persona.
–¿Y cómo sobrevivió?
–Fue una revolución que viví como una aventura trabajando con gente muy cultivada, creativa. Era un mundo mucho más íntimo que el actual, donde todo está mucho más masificado, es más frío e impersonal. Éramos jóvenes y estábamos descubriendo el mundo. Algunos se quedaron en el camino. Yo tuve suerte, nunca me interesaron las drogas ni lo que ha podido destruir carreras brillantes. Ahora vivimos en un mundo duro y difícil para los jóvenes que me da miedo. Todo es muy competitivo, rápido, solitario, pero también hay gente maravillosa con valores extraordinarios y con el alma pura.
–¿Cómo valora estos momentos de crisis y cambio?
–Espero que nos sirva para tomar conciencia de que hay que trabajar conjuntamente para mejorar. Debemos aprender a respetarnos y a vivir en un sentimiento de paz. Hay que reencontrarse porque si no acabaremos viviendo en una miseria intelectual, emocional y del alma terrible. Soy muy sensible, a veces demasiado, pero sin esta sensibilidad no podría haber hecho nada de lo que he hecho en mi vida. Vendrá un retorno de los verdaderos valores humanos.
–¿Qué le aportó esa juventud dorada y privilegiada?
–He hecho cosas extraordinarias con gente extraordinaria. En mi vida de modelo fue Diana Vreeland la que me convirtió en la baby de la moda a través de Vogue. A partir de ahí trabajé con todos los grandes fotógrafos. Era fantástica mi relación con R. Avedon, A. Penn, C. Beaton, etc. Era una comunicación de artista a artista. Hoy es diferente, se ha convertido en una máquina monstruosa. Aprendí muchísimo a pesar de mi juventud. Era como una esponja.
–¿Este aprendizaje la llevó al cine?
–Sí, de la mano de Luchino Visconti. Mi primera película fue un regalo del cielo. No me lo podía creer, aunque ya había hecho algo de teatro. Un día fui a desayunar a su casa en Ischia y me dijo que necesitaba una actriz sensible y delicada. Me hizo unas pruebas y por la noche me vino a ver y me dijo: "Marisa, has hecho una entrada como Sarah Bernhardt y no tienes miedo a la cámara. Si quieres continuar en este trabajo, tienes mi bendición". Era el sueño de mi vida y me dio su confianza.
–¿Cómo era trabajar con Visconti?
–En mi primera escena sentí que me sentía en casa, que había encontrado mi lugar. Después trabajé con Bob Fosse en Cabaret y fue una experiencia completamente diferente. Fue un filme muy bonito, pero distinto el rodaje. El director era muy americano frente al europeo Luchino. Al principio fue difícil porque quería seducir a las mujeres y esto dificultaba la relación. Después nos hicimos grandes amigos. Stanley Kubrick vio Cabaret y me ofreció el papel de mi vida, dicen todos, en Barry Lyndon, uno de los mejores filmes de la historia.
–Estos papeles tan importantes marcan a veces demasiado y hay que superarlos. ¿Cómo lo ha conseguido?
–Sí, a veces pueden acabar con una carrera. Estar en la historia del cine es importantísimo, te marca tanto que te puede paralizar. Lady Lyndon me marcó durante un tiempo. Todos los directores me veían en ese papel y no tenían imaginación para verme en otro, pero es una etiqueta muy bella, afortunadamente superada porque he seguido trabajando. Tengo una facilidad enorme para estar delante de una cámara, me transformo totalmente, hay un clic en mi mente que me hace dar lo mejor de mí misma. He hecho al menos sesenta películas. Hay una vuelta al buen cine, Marie Antoinette de Sofia Coppola es un sueño. Me encantan James Ivory, Stephen Frears, Woody Allen, y deseo trabajar con Almodóvar.
–Su vida parece de ensueño...
–No lo es. Es muy real, con altos y bajos. Con tragedias difíciles de asumir como la muerte de mi hermana, la mujer de Anthony Perkins, que falleció en los atentados de las Torres Gemelas. Iba en uno de los aviones y el shock fue terrible. Mi suerte ha sido tener una enorme fe en Dios, una energía divina que siento en todas partes y que me da fuerza.
–¿Qué está haciendo ahora?
–Estoy esperando el estreno de Yo soy el amor, de Luca Guadanino. Es un filme que irá en la categoría Horizonte en el Festival de Venecia. Otro que he hecho con Nina de Maio, que es una comedia romántica, Matrimonio y otros desastres. Acabo de terminar Caldo criminale para Canale 5 con grandes actores de Italia. Cineman, un filme francés, también está pendiente de estreno. No he parado. Voy a empezar un rodaje con un director español que es una coproducción con EEUU llamada El discípulo. Cuenta la última semana en la vida de Cristo y yo he de interpretar a la Virgen.