GABRIEL RODAS. PALMA.
El Selva Rock conserva intacto su poder de convocatoria. Viejos melenudos, hoy con canas y con menos pelos que hace treinta años, y nuevos rockeros –muchos de ellos ni siquiera nacidos cuando la muestra irrumpió en 1977– coincidieron en la madrugada de ayer en los terrenos de Sa Central, escenario de un festival de entrada gratuita que durante doce horas ininterrumpidas de música satisfizo a las más de doce mil personas que le dieron vida.
"Hemos superado las expectativas. No nos esperábamos tanto público", reconocía un miembro de la organización en la medianoche, momento en que los alrededores de la finca Sa Central, situada en las afueras de Selva, en la carretera a Mancor, eran un hervidero de gente.
El público tomó este pueblo situado a pies de la Serra de Tramuntana. Un camp de rostoll sirvió de improvisado aparcamiento y los accesos a Sa Central se convirtieron en barra alternativa, en la que uno podía consumir una cerveza por tres euros menos que en las instaladas en el recinto.
Dr. Feelgood, protagonistas de los Selva Rock de 1980 y 1981, fueron uno de los grupos que más público arrastró hasta el festival. No decepcionaron. En cuanto aparecieron en el escenario, grande y bien visible desde cualquier punto del recinto, la masa de espectadores se tornó compacta.
Pau Riba y Joan Bibiloni también regresaron a este Canet a la mallorquina que destiló litros de alcohol y soportó un fuerte olor a yerba. "Woodstock, Woodstock", gritaba un grupo de jóvenes. A pocos metros, unos turistas de Nottingham no dejaban de reír. Durante el festival no se produjeron incidentes de consideración, aunque quienes cometieron excesos con la bebida lo pagaron en el control que la Guardia Civil montó en la entrada a Inca. Hubo quien prefirió dormir en Selva, que amaneció a ritmo de ska, el que marcó Dinamo, el último grupo en tocar, ya pasadas las seis de la mañana.