CARLES MULET. PALMA.
Colm Meaney (Dublin, 1953) es el irlandés de envoltura perfecta. Desde hace cinco años casi vive en Sóller, donde se compró una casa para desintoxicarse de Los Ángeles de tanto en tanto. En 1987 rodó Dublineses, su primer filme, a las órdenes de John Huston. También se subió al Enterprise como teniente Miles
O´Brien, para participar del universo Star Trek durante muchas temporadas televisivas. Su fama se multiplicó tras participar íntegra la trilogía de Barrytown, iniciada por Alan Parker con The Commitments (1991). Anoche, dentro del Cicle Cuine i Cultura del Centre de Cultura ´Sa Nostra´, presentó y departió sobre su tercera entrega, La camioneta (1996), donde repitió con Stephen Frears tras la aplaudida Café Irlandés. En enero se pondrá a las órdenes del mallorquín Toni Bestard, cineasta que para su esperado debut en largo –El perfecto desconocido– necesitaba ´perder´ a un extranjero por la isla.
"Un guión fantástico. Me apasionó y creo que me permitirá crecer como actor". Colm Meaney se deshace en elogios para Bestard y su proyecto, que no dudó en no rechazar. "Me apetecía mucho rodar en Mallorca", suma motivos, seguro a las órdenes de un realizador que le dejó "impresionado" con sus premiados cortometrajes. Tras año y medio de prepoducción, la "química" entre los dos se ha multiplicado. A principios de 2010 la pondrán al servicio de "una comedia con toques de drama", guiado por un "oscuro" extranjero que se instala en Mallorca. "El entorno, el paisaje es uno de los personajes importantes", adelanta el director, que convertirá la Serra de Tramuntana en un escenario con vida propia. Una "historia universal, que habla de las relaciones humanas en una comunidad pequeña", explica. Aunque nada que ver con la "introspectiva" Yo de su paisano Rafa Cortés , matiza, para disipar paralelismos equivocados.
Meaney, irlandés de corazón, traza puentes entre su isla de nacimiento y su roqueta adoptiva y, por extensión, el territorio español. "Evidentemente existe una conexión entre la cultura latina y la irlandesa", suscribe, sin especificar mucho más. Él, desde luego, ha conectado con Mallorca, donde vive entre naranjos y donde no dudó en celebrar en público la victoria Champions del Barça de Guardiola frente al Manchester de Cristiano Ronaldo.
"Una sorpresa, un shock, muy grande". El irlandés, que aterrizó en la isla poco después del atentado de ETA en Palmanova, aún se frota los ojos al recordarlo. "Es una lucha en la que Mallorca no entra, no entiendo que pinta en ella", se asombra. En más de una ocasión el cine le ha puesto delante al actor un guión con terroristas implicados, una situación que conoce bien alguien nacido en el país que sufrió las acciones del IRA. "La única manera de terminar con el terrorismo es hablar con el enemigo, no con los amigos", percibe, aunque muy consciente "de que el caso irlandés no es comparable con el español, más complejo".
Meaney, que prefiere hablar del cine, relaja el semblante cuando se le pregunta por Huston, el director con el que debutó en el cine norteamericano. O cuando recuerda a Alan Parker, un encuentro muy importante en su carrera. También, claro, cuando recuerda el rodaje de La camioneta presentada ayer, "la mejor experiencia" de la trilogía Barrytown.