VANESSA SÁNCHEZ. PALMA.
A la mayoría, las redes sociales como el facebook o el tuenti les vienen grandes. Son más de lápiz y papel que de sms y prefieren una cena calmada con una copa de vino que un concierto multitudinario. Crecieron en plena dictadura, vieron nacer la democracia y suspiraron por actores como Don Johnson o Micky Rourke y actrices de la talla de Farraw Fawcett o Raquel Welch. Sus tiempos de guateques quedaron en el olvido con la llegada de los hijos y las interminables jornadas de trabajo. Ahora, con la vida ya resuelta y sin ataduras, buscan un lugar donde divertirse. No es tarea fácil.
El joven empresario Alberto Seguí tenía muy claro qué faltaba en la noche palmesana. "Sitios para jóvenes, con música a todo volumen y descontrol hay a puñados. Yo quería un público mucho más selecto, con ganas de pasar un buen rato sin excesos". De esa idea nació su Harlem en el Molinar, local que ´prohibe´ la entrada a menores de 25 años. "Se agradece este tipo de establecimientos que te ofertan algo más que copas. Puedes venir a cenar, a disfrutar con espectáculos en directo y hablar sin problemas", cuentan Mario Firma y Angélica López.
La clave principal del éxito es un servicio más cuidado y especializado y un ambiente más sano. "No soporto estar en una discoteca en la que no se puede bailar o donde respirar sea casi imposible por el humo", dice Almudena Parra mientras da cuenta de una cerveza en el Jartans Night Club del Riskal a ritmo de la banda sonora de Flashdance.
No sólo una decoración cuidada y un personal más atento son las diferencias entre la clásica discoteca veinteañera y los pubs para adultos. En las estanterías de éstos últimos, las bebidas energéticas brillan por su ausencia ya que la demanda gira en torno a los clásicos. Cañas, Gin tonics y copas de cava. "Se nos piden muchos cócteles tipo San Francisco, también se sirven combinados. Eso sí, siempre en copa, nunca en vaso de tubo", explica Xisca Vanrell, directora del IO Music Lounge, en el polígono de Can Valero.
El público es mayoritariamente mallorquín y español, ávido de relacionarse y disfrutar de una velada cómoda. La decoración minimalista y los grandes sofás facilitan la conversación. "Es lo mejor de estas discotecas. Siempre hay sitio para descansar, para relajarte y escuchar la música", subrayan Isabel Tora y José María Triguera.
En la cabina suena Madonna, también Tom Jones y Marvin Gaye. La locura se desata.