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HEMEROTECA » |
CARLES MULET. PALMA. Bartomeu Nicolau Morlà, Tomeu Penya, disfruta de los sesenta agarrado a la música. "Con mucha diferencia" –presume amable– el de Vilafranca es el artista que más bolos tiene firmados el verano del recorte. Payés de corazón, añora otra Mallorca. Prepara el disco que sumará el 23 a su currículum
–¿Recuperado al 100%?
–¡Al cien por mil!
–¿Cantautor o ´countryautor´?
–Digamos que soy un músico que canta sus propias canciones. Un músico de los pies a la cabeza, con sus estudios, y no sólo de grabación. Es algo que la gente no sabe.
–¿Terminó la carrera?
–Sí, encima de los escenarios, un lugar sagrado. La música es un arte que se ha de tocar con las manos.
–Dicen que con el pop se cantan cosas bonitas y que con el rock se dice la verdad. ¿Qué le queda a Tomeu Penya?
–Soy un cuentista, pero de los que cuentan cuentos, no de los que lo hacen. Canto cosas que me pasan y te puedo asegurar que lo hago de manera muy sincera, así cómo vienen. A veces sale un chachachá, un rock, más country, soul... Depende del momento.
–También le dio por el reggae.
–Fui un especialista a principios de los 70, cuando Johnny Nash, cuando era auténtico. Después llegó Bob Marley y se hizo más comercial. Con el soul pasó lo mismo, perdió feeling y hace cuarenta años que sólo se hacen copias baratas del original. Muchos no estarán de acuerdo, pero me da igual
–22 discos y, en teoría, el último siempre es el mejor. ¿Ha alcanzado la perfección o es que el primero era muy malo?
–He notado la evolución, pero creo que el primero era tan bueno o tan malo como los que hago ahora. El mundo cambia, y yo con él. Cada disco es especial, tiene su sensibilidad. Nunca es mejor o peor, sólo diferente.
–Su último trabajo, superada la enfermedad, fue optimista y sensible, incluso "cursi". ¿Y el nuevo que ya prepara?
–Será un directo con una nueva concepción de Tomeu Penya y sus canciones. Habrá una selección de los primeros temas que escribí porque quiero que la juventud los conozca. Tendrán un nuevo sentido y más sensibilidad musical; es increíble el equipo de músicos que tengo al alcance.
–¿Le han pirateado mucho?
–Supongo que sí, pero tengo la tranquilidad de que mis seguidores compran los discos.
–¿Los más jóvenes también?
–Los jóvenes no deberían dejarse engañar, son demasiado inteligentes para eso. Han acostumbrado la oreja a la música pirata y no pueden conformarse con ella. La idea de hacer un disco en directo es para que vean como suena la música de verdad.
–Ver a Raphael y a Leonard Cohen puede costar más de cien euros. ¿Un abuso?
–No, un abuso es lo que no cobran los artistas que son de aquí, y no estoy hablando de mí. Al que viene de fuera no sólo se le paga mejor, también se le llena el camerino de sus peticiones exageradas y ridículas. He actuado más de mil veces en Cataluña y nadie me ha pagada nunca nada.
–¿Un patriarca musical?
–Soy un veterano, pero no quiero ser el patriarca de nadie. Los músicos de la isla están de acuerdo en que las facilidades no son las mismas, pero se saben defender solos.
–¿Le reconocieron antes, más y mejor en Cataluña que en su Mallorca?
–Pienso que hay dos tipos de personas, la gente llana y la que no lo es. Los primeros, el 80% de los mallorquines, reconocieron desde el principio que en mí había un hombre preparado para la música. El otro 20%, los ´culturetas´, esperaron a que tuviera números uno en Cataluña. Siempre pasa.
–Rafel Nadal y Jorge Lorenzo ya son mallorquines más universales que usted. ¿Está celoso?
–Sí, un poco de celos sí que tengo. Envidia sana, porque ellos son números uno del mundo y yo no lo puedo ser. Mi adoración es absoluta, me ponen la piel de gallina y me hacen dar saltos de alegría. También me pasa con Rudy Fernández y Joan Llaneras.
–¿Es un ´modernillo´?
–Creo que no encajo en este mundo de ida y vuelta. Antes todo iba más despacio, y ahora lo que hoy importa mañana deja de hacerlo. No es lo mío.
–¿Comparte a Zapatero?
–Entiendo que las decisiones políticas tienen mucha importancia y que se toman para hacer el bien, pero tanto Zapatero como Rajoy me parecen feotes.
–¿Los veranos masificados multiplican su nostalgia payesa?
–No he vivido la Mallorca antigua; cuando yo tenía 13 años ya pasaban por el pueblo autocares con turistas que nos impedían cruzar la calle. Lo que sí tengo es nostalgia del campo, de la pagesia, de poder dormir con la puerta abierta. Todo ha cambiado y, aunque el aire acondicionado está muy bien, cada vez es más difícil ser payés.
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