G. RODAS. PALMA.
Los reyes de Bélgica celebran estos días sus bodas de oro, una fecha cargada de simbolismo en la que Mallorca ocupa un lugar especial. La controvertida pareja, que ha atravesado importantes crisis –como las infidelidades reconocidas por el propio monarca–, vivió su luna de miel en la isla en 1959 y tuvo resultados tan satisfactorios que se prolongó un mes más de lo previsto. No solo eso, regresaron un cuarto de siglo después con motivo de las de plata. Aunque Alberto II y Paola cumplieron medio siglo unidos el pasado jueves, no será hasta el próximo 30 de agosto cuando tenga lugar el festejo oficial, en el castillo de Laeken, donde reunirán a 68 parejas que se casaron el mismo día que ellos.
"Los Príncipes de Lieja se muestran encantados de Mallorca y de los mallorquines, y están entusiasmados con el motorismo náutico", escribió DIARIO de MALLORCA en la crónica de aquella visita. Formentor fue la base de los entonces príncipes durante su luna de miel. Llegaron procedentes de Barcelona y con ellos lo hicieron un buen número de corresponsales extranjeros, algunos de los cuales montaron sus tiendas de campaña en los alrededores de Pollença. Su primer mes de estancia en la isla transcurrió en el hotel de Formentor y el segundo en el chalet del pionero de la astronáutica francesa Robert Esnault-Palterie.
Durante su estancia, Alberto II de Bélgica y la calabresa Paola Ruffo –Paola de Lieja para la prensa del corazón– recibieron numerosas muestras de cariño del pueblo mallorquín. El 15 de julio, por citar un día, después de tomar unos helados en la Plaza Major, los príncipes quisieron conocer el casco antiguo de Ciutat, entrando en varios establecimientos y recibiendo como obsequios ramos de flores, un pañuelo de encaje y un artístico jarrón de cristal con dibujos de flores de almendros, en Casa Gordiola, detalló la prensa de la época.
Si bien el matrimonio pasó gran parte de sus vacaciones nupciales practicando deportes náuticos o simplemente departiendo con sus amistades en Formentor, Alberto quiso conocer Mallorca no solo desde el agua, también desde el aire, por lo que sobrevoló la isla en hidroavión, una aventura a la que se opuso Paola. Los príncipes, que coincidieron en Formentor con el actor Charles Chaplin y su familia, también de vacaciones, abandonaron Mallorca en septiembre de 1959 con destino a Madrid, donde quisieron conocer El Escorial y el Valle de los Caídos.
Un cuarto de siglo después, el matrimonio regresaría a Mallorca, a la suite real Jaime I del hotel Son Vida. Después se reencontraron con Formentor. El por entonces president, Gabriel Cañellas, les agasajó con dentón con vino blanco en el Consolat. Su última visita a Mallorca se produjo en agosto de 2000, ya con Balduino fallecido, y navegaron a bordo del Fortuna.