C.MULET. PALMA.
Carlos Garrido topó con la música de los Kinks cumplidos sus 14 años. Descubrió con ella "una fórmula enérgica y rebelde", una vía "para salir del gris franquista". Cercanas sus seis décadas, el periodista, el rockero, sigue escuchándolos, acaso convertidos en la banda sonora oficial de su vida. Homenaje a Ray Davies y los suyos, y excusa final para "reflexionar sobre el papel de la adolescencia", repasará y versionará mañana (21.30) una veintena de sus temas en la Sala Petita del Principal.
Garrido, guitarra eléctrica en mano, solo en el escenario. Anticipa versiones "libérrimas", unas más otras menos fieles. Traducidas al castellano. Y reducidas a "formato micro" para "no cansar al público". Entre una y otra, tiempo para el monólogo, la anécdota y la cavilación, orientadas sus palabras hacia la retrospectiva personal e individual. "Cuando te haces viejo es importante comprobar si uno ha traicionado sus principios, comprobar qué ha sido de su yo adolescente". La música, entiende, "permite volver al pensamiento atemporal, contrastar lo que se ha ido haciendo durante la vida. Si descubres que no eres el que querías ser significa que has fracasado, de una manera u otra".
You really got me. Garrido la rescata del grueso del repertorio que ha preparado; más importante para él que cualquiera de los Rolling o los Beatles, "los que se colgaron todas las medallas". "Los Kinks no han tenido el reconocimiento que se merecen", percibe dispuesto a defenderlo a capa y espada. Mañana lo hará sobre el escenario, estrenando el rock en la Sala Petita.