VANESSA SÁNCHEZ. PALMA.
Con extrema delicadeza, a pesar de sus generosos kilos, Llum se apoya sobre la silla de ruedas que sustenta a Daniel. No escatima en mimos. Lengüetazo por toda la cara que provoca las primeras risas. A pocos pasos, Cristina sujeta con fuerza la correa de Ona mientras dan un suave paseo pasillo arriba, pasillo abajo. Media hora de juegos con estos animales de compañía es la mejor medicina.
Fue hace tres años cuando el colegio palmesano Mater Misericordiae para niños y niñas con discapacidad decidió darle una oportunidad a Teresa Cayuela y sus perros. "Ya había probado una experiencia similar en el psiquiátrico con resultados muy positivos. Pero quería trabajar con niños y con los Golden, que son unos animales de muy buen carácter", cuenta a este periódico la propietaria de los canes. Así que, gracias a un encuentro casual con una amiga maestra que trabajaba en esa escuela surgió el proyecto. "Era algo novedoso tanto en la isla como en España, pero nos pareció una muy buena idea", asegura Tania Ferrer, jefa de Estudios. Hechas las presentaciones, y con el visto bueno del profesorado, la junta directiva y el consejo escolar, se inició un experimento del que hoy en día se benefician más de la mitad de los alumnos del centro.
Primero fue Kora, y ahora son Ona y Llum quienes hacen posible esta actividad de enorme beneficios para los niños. "No es una terapia, se trata más bien de estimular a los chicos a través de cortas visitas semanales. Favorecemos la relación niño-perro, rompemos sus momentos de aislamiento e incrementamos su motivación", explica Ferrer.
Cada lunes, y de manera totalmente desinteresada – "porque lo que ella hace no tiene precio"–, Teresa Cayuela monta a sus dos perras en la furgoneta y recorre los diez kilómetros que separan su casa del colegio para repartir sonrisas. Primero, turno de los chicos con discapacidad motriz. Después, los alumnos con problemas intelectuales pero sin discapacidad motora. Paseos, revolcones por el suelo, juegos con la pelota, cepillarles el pelo... Ona y Llum –que es hija del mejor ejemplar de Golden nacido en España– se dejan hacer de todo. Es más probable que unos de los chicos haga daño sin querer al animal que a la inversa. "No todos los perros valen y tienen la paciencia para estar durante un buen rato con niños muy activos. Deben ser preparados para hacer este tipo de ejercicios", explica Cayuela que agradece al adiestrador de la ONCE, Juan Manuel Blanes, el trabajo realizado con sus cachorros.
Sin muchas más pretensiones que la de romper la rutina de estos pequeños, los resultados son sorprendentes. "Se les ilumina la cara cuando los ven llegar. Aplauden, gritan... es increíble lo que estos Golden pueden llegar a conseguir", dice Tania Ferrer. Y aunque no fue tarea fácil, "al principio muchos niños se quedaban un poco parados o sorprendidos", ahora incluso hay padres que se han animado a comprar un cachorro por el bienestar de su hijo.
Los buenos resultados están animando a otros centros de la isla a preguntar por esta actividad asistida por animales que triunfa desde hace años en los Estados Unidos y el norte de Europa.
Ya lo dijo el doctor Ange Condoret en 1947: "Acariciar a un animal puede reducir o incluso sustituir la ingestión de medicinas: reduce el estrés y la tensión, es el mejor relajante tanto para el perro como para su propietario".