CARLES MULET. PALMA.
Sheldon Lee Glashow (Nueva York, 1932) confiesa en su autobiografía: "De pequeño ya sabía que quería ser científico". Consumada declaración de intenciones, fue rescatada ayer por Montserrat Casas, rectora de la UIB, para presentarle ante una Real Academia de Medicina generosa en concurrencia. Acto seguido, el Premio Nobel de Física inauguraba con su ponencia el Simposio Internacional a propósito de Darwin y los 150 años de su Teoría de la Evolución. Conferenció primero él, con voz grave, elegante, durante hora y media larga. Después, Lynn Margulis, biológa que –se augura– terminará con homónima y sueca distinción. Dúo de eminencias, destaparon con sus palabras una ambiciosa iniciativa participada por el Institut d´Estudis Catalans, Govern, ´Sa Nostra´, academia de médicos y universidad balear.
Ni Johannes Kepler. Tampoco Isaac Newton, tampoco Albert Einstein. Ni tan siquiera el propio Darwin, la excusa para hablar ayer. "No existe el científico infalible", recordó Glashow, con absoluto respeto, incluyéndose entre los que fallan. Pero los errores son comunes en la Ciencia. Muy necesarios, como gusta recordar, ejemplificados con "algunas de las teorías extinguidas en la física"; Determinismo, Gravedad newtoniana, inmutabilidad atómica o la Relatividad de Galileo.
"¿Qué pasó en el año1859?". Pregunta casi innecesaria en el marco formulada fue lanzada por Glashow para responder con sorpresa, citando a Charles Dickens y la publicación de una Historia de dos ciudades. Fue otro de sus bien encajados chascarrillos, derivado enseguida a la contestación esperada: El origen de las especies de Darwin; un volumen que cumple siglo y medio de vida, acicate de este 2009 de homenaje global a su autor.
"Evolución", la palabra clave. Aplicable de manera casi infinita, comenzando por las especies. Extensible "a la lengua, a la música o a la arquitectura". "Al Universo, sus planetas", y a la propia existencia, los tres pilares del discurso hilado por Glashow. Todo evoluciona, confirmaron sus palabras. Como los elementos químicos, recordó, cuatro en la antiguedad, siete en la Edad Media, un centenar hoy día; descubierto el primero, el fósforo, en 1669. O el propio cosmos, inaugurado con el Big Bang. O el Sol, al que auguró "10 billones de años" más. Y también el hombre, concebido para morir tras muchos años "jugando" en la Tierra. Y la vida, iniciada con el primer oxígeno, continuada por trilobites y dinosaurios, andada por el homo sapiens, atacada por el SIDA, uno de tantos agentes.
"Darwin descifró el origen de nuestra especie, pero no pudo establecer el de la vida en la Tierra", casi lamentó Glashow, una incógnita de complicada resolución. "Secuencias accidentales, serendipias", justificó, dos variables "que no se pueden calcular". Y que dejan por contestar preguntas que siguen y seguirán flotando en el aire. "¿Por qué hubo un Big Bang?"; "¿Hubo un tiempo antes?"; ¿Cómo se formaron las primeras estrellas y galaxias?".