MATÍAS VALLÉS
La sociedad no está preparada para un pronunciamiento acertado de Bibiana Aído. Aunque lo diga ella, un feto es un ser vivo –se nutre, se relaciona, se reproduce–, al igual que una almeja o una bacteria o un futbolista. En cuanto a la humanidad fetal, ningún humano puede decidirla sin investirse de los aperos de la divinidad aznarista. El huevo fue antes que la gallina por imperativo biológico, lo cual no obliga a confundirlos. Un cerebro electrónico supera al humano. Es sobrehumano pero no vive, de momento. El ser humano se cree por encima del ser vivo, una preeminencia teñida de cierto corporativismo apriorista. Es más fácil preguntarse sobre lo inhumano, tan frecuente en la historia de la jerarquía eclesiástica.