CAMILO JOSÉ CELA CONDE
Los científicos llevan décadas planteándose el enigma de las dolencias mentales más extendidas, como la esquizofrenia, que tienen una incidencia alta, de cerca del 1% de la población. Como eso sucede sin demasiadas variaciones ni geográficas ni sociales, se especula acerca de la existencia de un sustrato genético capaz de convertir la patología mental en un producto de la evolución. Pero si es así, ¿qué haría de las demencias algo tan útil de forma adaptativa como para que fuese seleccionado? Tim Crow apuntó en 1996 que tal vez el lenguaje y la psicosis podrían tener un origen evolutivo común: se seleccionó una herramienta cerebral tan útil como es la lengua hablada y en el mismo paquete se nos colaron las demencias. Se trata, hoy por hoy, de una hipótesis sin apenas fundamento, salvo el del sentido común: la esquizofrenia tiene que ir ligada a alguna facultad muy potente para que exista una incidencia de la enfermedad tan alta. Pero no se contaba con indicio alguno siquiera acerca de la relación entre genes y cerebro en las psicosis.
El jueves pasado la revista Science publicó la primera evidencia al respecto. Un equipo de científicos alemanes encabezado por la doctora Christine Esslinger acaba de identificar cómo interviene en las conexiones cerebrales el gen rs1344706, que se sabía ya que estaba de alguna manera relacionado con las psicosis.
Las dolencias mentales como la esquizofrenia implican trastornos en el establecimiento de redes neuronales. El córtex frontal —el prefrontal dorsolateral (PFDL), para ser más precisos— y el hipocampo han de tener una actividad coordinada en muchas tareas de pensamiento. Pues bien; esa coordinación falla en el caso de las demencias. Se sospechaba que el problema podía ser hereditario, es decir, genético. Esslinger y sus colaboradores lo han confirmado. Y el responsable de las anomalías es el rs1344706, cuyas consecuencias se manifiestan no sólo en las psicosis sino en otro trastorno, el bipolar, aunque en este último caso sea la conexión entre el PFDL y la amígdala la alterada.
Falta por averiguar de qué forma precisa se interrumpe la conexión fronto-ventral, el lazo entre los juicios racionales y el sistema de control de las emociones. Y algo más sutil aún: nos queda por averiguar en qué medida las zonas que se detectan como conectadas a través de técnicas como la resonancia magnética lo están en verdad. Aunque parezca obvio que es así, no resulta ni por asomo algo tan claro.
Llevamos también décadas sosteniendo que las áreas detectadas como activas por medio de las técnicas de neuroimagen se encuentran conectadas entre sí. Pero la resonancia magnética ofrece como "simultáneo" todo lo que sucede a lo largo de dos segundos. Una eternidad en términos de conexiones neuronales. Cuando sepamos calibrar con más finura qué áreas están en verdad en comunicación sabremos si el rs1344706 actúa, como sostenemos ahora, inhibiendo ese lazo.