M. ELENA VALLÉS
Cuando lo creo pertinente, recojo las críticas de la limitada muchedumbre de esta ciudad que consume cultura y que no cuenta con la posibilidad de hacer sonar sus voces en los medios. La primera cuestión a abordar parece un mandoblazo a los programadores y promotores en esta isla que, a juicio de bastantes consumidores de cultura, no promocionan ni publicitan los espectáculos que manejan y mueven lo suficiente. Otra cuestión que apunto aquí y que también he oído en algunos corrillos: ¿Por qué no hay una web donde aparezca toda la programación cultural (iniciativa pública y privada) y un servidor en el que comprar todas las entradas?
Vayamos por partes. Las instituciones públicas cuentan con medios económicos más potentes para publicitar sus espectáculos por toda la ciudad, pero lo grave del asunto es que no lo hacen. Milagroso me parece que algunos de ellos registren llenos reseñables. No me gusta poner el ejemplo de Barcelona, la ciudad corporativo-institucional por excelencia, pero allí es que estés donde estés acabas por enterarte, aun no deseándolo, de lo que sucede en sus entrañas, con lo cual estás también más informado de la historia de la propia ciudad. La única agenda callejera que conozco en Palma está en un recodo de la entrada al aparcamiento de la plaza Major que da a las Ramblas. Si tienes suerte de pasar por allí cada semana y encima se ha acabado el Youthing en todos los garitos del centro, puedes hacerte una buena idea de la programación y de la crónica cultural de un mes. Si alguien conserva los carteles, cuenta con una hemeroteca muy valiosa.
Y bien, la mayoría de promotores privados mucho hacen ya en arriesgarse a costear los bolos de lo que traen. Para publicidad, les queda internet o Facebook. Poco más. En este sentido, el otro mandoblazo se lo dedico a las instituciones y a su nefasto reparto de recursos en promoción. En Balears, la reina que acapara peculio es la promoción exterior de nuestros creadores (no todos, cuidado). El Govern, conselleria de Cultura e Institut d’Estudis Baleàrics mediante, y el Institut Ramon Llull se ocupan de ello con presupuestos gigantescos. La pasta para promoción interior es menguante y los recursos para promoción en la isla de espectáculos foráneos de calidad, casi inexistente (véase Amaia Montero). Creatividad para publicitar por parte de nuestros próceres la hay a espuertas; el criterio es lo que escasea.